El miedo (ante y durante la enfermedad). Un trasplantado.

“[…] no siempre los momentos de plenitud han sido los mejores momentos de mi vida. Sin ir más lejos, ahora mismo, perdiendo el tercer trasplante, a pocas semanas de entrar en diálisis otra vez, estoy viviendo una de las épocas más bonitas de mi vida, con plenitud personal, laboral, una familia genial, especialmente mi mujer, Sara, y Amelia, mi hija de 8 meses. […]”

Hoy quiero hablar de un tema que a todos nos agobia, atenaza y asusta, EL MIEDO.

Por suerte o por desgracia, todos hemos tenido alguna situación de miedo en la vida y sabemos lo que es. También sabemos que muchas veces, ese miedo es previo al hecho, en parte irracional y que muchas veces, una vez pasada la situación, nos damos cuenta, que era absurdo o exagerado, pero que no pudimos controlarlo.

Con la enfermedad, puede pasar algo parecido. Todos, por el simple hecho de estar vivos, vamos a tener situaciones de dolor, frío, hambre, sed, etc. Pero no tenemos por qué sufrir, que es la percepción o reacción que tenemos ante esas adversidades, como reaccionamos ante un contratiempo de la vida, en este caso de salud. Es más puede llegar a ser una situación de crecimiento personal, tanto es así, que cuando más aprendemos en la vida, es cuando nos equivocamos, porque analizamos más los posibles errores cometidos que cuando acertamos, que pensamos que es gracias a nuestra “tremenda sabiduría”. Así, en el dolor o error, sacamos grandes enseñanzas, “en realidad ni el sufrimiento, ni la culpa, ni la muerte, pueden privar a la vida de su verdadero sentido.” (Frankl V. El hombre en busca de sentido: conceptos básicos de logoterapia. Barcelona: Herder;1979), psiquiatra y humanista austriaco, que nos narra parte de sus experiencias en los campos de concentración nazis.

Que habrá en el futuro…

Prueba de ello, por poner un ejemplo, puede ser un parto o el hambre. En esa circunstancia, se produce dolor, como bien saben todas las madres, pero no pasa mucho tiempo, segundos o minutos después del parto, ese dolor se convierte en dicha y gozo y alegría suma para la madre y un regalo para toda la familia. O al comer, se sacia el hambre y cesan las penas. Así, una situación, que ha conllevado dolor, nos ha producido una situación de crecimiento y felicidad. ¿Cuándo podemos decir que hay sufrimiento? Muchas veces es el sufrimiento previo, la angustia por el que será o pasará, lo que nos hace sufrir más que el propio acontecimiento en sí mismo, Thomas Hobbe ha dicho: “el hambre futura ya convierte al hombre en un hambriento”.

Por ello, claramente tenemos cosas muchas peores que el mero sufrimiento físico, como puede ser el miedo a sufrir, al dolor, a la muerte, etc. Miedos previos, que como decía antes, nos bloquean y condicionan, pasando de ser algo lógico, a algo sin sentido, que no controlamos. Sólo por el hecho de ser humanos, tendemos a buscar una realización personal que, en algunos casos, el sufrimiento por la enfermedad, nos niega. Vemos muchas personas enfermas hundidas al ver que su enfermedad y la falta de encontrar respuestas lógicas a su situación, los lleva a “la imposibilidad que tiene el hombre de llegar a ser el mismo.” (Frankl V. El hombre en busca de sentido: conceptos básicos de logoterapia. Barcelona: Herder;1979). Al contrario, vemos que hay personas, que se crecen ante la adversidad, personas resilientes, que sacan lo mejor de sí mismas, crecen en esas situaciones que muchos se hunden y llevan vidas plenas, completas, que iluminan y guían a otros muchos y que es una suerte tener cerca. Como he dicho ya en algún texto anterior, en mi caso, una de las claves, fue hacer mías estas palabras: “La locura de la Cruz es convertir el sufrimiento en grito de amor a Dios” (Benedicto XVI), no duele menos, ni se cura uno antes, pero aceptar nuestra realidad, aprender a vivir con la vida que a cada uno nos ha tocado, da una paz y una fuerza, que puede con casi todos los miedos.

¿Qué dirección y sentido tomará mi vida con la enfermedad?

El ser humano, por su idiosincrasia, necesita una serie de seguridades y rutinas, que en ocasiones la enfermedad y su no aceptación, pueden limitar o anular, creando una sensación de incertidumbre e inseguridad.

Es esa incertidumbre ante lo que vendrá, lo que pueda o no doler, consecuencias ulteriores, etc., lo que realmente crea miedo en el paciente y sobre todo en el paciente crónico que está en una continua lucha interna y en una carrera de fondo. Hay enfermedades muy duras, que se curan. La mía (y la de muchos), una enfermedad renal, nunca cura, vamos poniendo parches cíclicos, diálisis-trasplante-diálisis-trasplante, etc. Lo cual requiere mucha fuerza física y mental y mucho acompañamiento y cariño de los de alrededor. Miedo tenemos todos y quien diga lo contrario miente, el valiente no es el que no tiene miedo, sino el que lo tiene, lo conoce y vence y sigue hacia delante, como decía Paulo Coelho “el miedo a sufrir, es peor que el propio sufrimiento”.

Los que han sufrido y vivido el miedo, saben que éste ayuda a crecer.

Así, si conseguimos darle un sentido a nuestra enfermedad y lo que conlleva, a lo que podemos ayudar a otros o a lo que nos ayuda a ser más fuertes para el día a día, ese miedo, se convierte en semilla de sentido para la vida, todo se entiende y valora y lo malo y angustioso, pasa a entenderse como una oportunidad diaria de crecimiento y realización personal. Estamos en una época de la historia en al que parece que hay que estar muy en forma, ser guapo y triunfar profesional y económicamente para sentir que has triunfado, pero yo niego la mayor, no siempre los momentos de plenitud han sido los mejores momentos de mi vida. Sin ir más lejos, ahora mismo, perdiendo el tercer trasplante, a pocas semanas de entrar en diálisis otra vez, estoy viviendo una de las épocas más bonitas y felices de mi vida, con plenitud personal, laboral, una familia genial, especialmente mi mujer, Sara, y Amelia, mi hija de 8 meses.

Ante la nada, la vida, ante el miedo, la esperanza de la vida.

Que nuestro miedos no tengan tanta fuerza, que anulen nuestros sueños. Que sepamos sobreponernos y seguir hacia delante, con la enfermedad como compañera, pero sin que sea más fuerte que nosotros. El sitio donde mejor se resume esto que quiero transmitir es la canción de “color esperanza” de Diego Torres, os pongo la letra, que es impresionante:

Sé que hay en tus ojos con solo mirar
Que estas cansado de andar y de andar
Y caminar girando siempre en un lugar

Sé que las ventanas se pueden abrir
Cambiar el aire depende de ti
Te ayudara vale la pena una vez más

Saber que se puede querer que se pueda
Quitarse los miedos sacarlos afuera
Pintarse la cara color esperanza
Tentar al futuro con el corazón

Es mejor perderse que nunca embarcar
Mejor tentarse a dejar de intentar
Aunque ya ves que no es tan fácil empezar

Sé que lo imposible se puede lograr
Que la tristeza algún día se irá
Y así­ será la vida cambia y cambiará

Sentirás que el alma vuela
Por cantar una vez más

Saber que se puede querer que se pueda
Quitarse los miedos sacarlos afuera
Pintarse la cara color esperanza
Tentar al futuro con el corazón […]”

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