Vinci in bono malum. Un trasplantado

“[…] En resumen, podemos pasar tiempo de calidad juntos, uno de las grandes deficiencias de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Creo que es una oportunidad, dentro de la desgracia y la complicación, de convivir, sumar, y aprovechar a crecer como personas y como familias en estos días. De recuperar esos momentos mágicos que la velocidad de la vida actual nos ha robado. […]”

“Vinci in bono malum“, lema de la Universidad Francisco de Vitoria, donde doy clase y con un significado muy apropiado para estos días, “vencer el mal con el bien”.

Nada positivo hay en estos días para quien está contagiado de coronavirus y es una desgracia para quien haya fallecido y sus familias. Una paliza para nuestros héroes que se juegan la vida por salvarnos (médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, dependientes de supermercados, repartidores, etc.

Pero los que seguimos sin estar contagiados, ha llegado el momento de dejar de lamentarnos y ver lo positivo. Hay que dar la vuelta a la tortilla, sumar, reír, cantar, etc. vamos a poner en práctica en slowlive (vivir despacio). A lo mejor para eso debemos ponernos al día de unas horas de NO hablar del coronavirus. Igual que el enfermo debe de vez en cuando oxigenarse la mente con otras cosas que no sean la enfermedad, así debemos hacer nosotros.

Ha llegada la cuarentena, la hora de quedarnos en casa, para muchos una pendiente muy cuesta arriba y que cree que no sabrá aguantar. Pero sí, si lo aguantaremos todos y seguramente mejor de lo que pensamos. La verdad que algunos por ingresos clínicos repetidos, horas eternas de diálisis, los opositores por sus horas de encierro, etc. ya tenemos cierto entrenamiento para la cuarentena.

Haciendo un bizcocho.

La falta de costumbre de estar en casa sin salir puede agobiarnos al principio por estar todos en casa, pero es una oportunidad de conocernos más, charlar, ver inquietudes de los otros, etc. podemos rescatar juegos antiguos como el veo-veo, el ahorcado, hundir la flota, las carreras, etc. podemos hacer competiciones de a ver quién cocina mejor, podemos leer juntos y comentar, ver películas y hacer cine-forum, etc.

Pintando con las manos.


Incluso debemos dejar que nuestros hijos se aburran (y nosotros mismos) aunque se pongan pesados. Un niño aburrido va a desarrollar su imaginación y crecerá mucho más como persona, que con una agenda de ministro como a veces tienen hoy los niños. Tengamos paciencia, juguemos con ellos, a su altura, en el suelo, a su nivel, a sus juegos, tiempo de calidad, no por llenar horas ocumplir. Yo lo hago con Amelia desde hace muchos meses, uno de los regalos volver a diálisis, y es un momento mágico de los dos, en cuanto cojo el almohadón donde me siento a jugar con ella, le cambia la cara, se le ilumina, sabe que va a estar una hora jugando sin móviles ni distracciones con su padre, que todo el tiempo va a ser para ella. Lo mismo y mejor, hace Sara, que tiene una mano extraordinaria para enseñarle y hacerle feliz.

Aprendiendo a lavar manos, cara y juguetes.

En resumen, podemos pasar tiempo de calidad juntos, uno de las grandes deficiencias de esta sociedad en la que nos ha tocado vivir. Creo que es una oportunidad, dentro de la desgracia y la complicación, de convivir, sumar, y aprovechar a crecer como personas y como familias en estos días. De recuperar esos momentos mágicos que la velocidad de la vida actual nos ha robado. ¿Donde han quedado las sobremesas de camilla de toda la tarde? ¿pasar la tarde entera a la fresca? ¿tardes enteras de juegos en familia? Aprovechemos a recuperar esos tiempos de verdad, de entrega, de conocernos, de crecer juntos, de ser familia.

Leyendo cuentos.

Cómo decía el principito “lo esencial es invisible a los ojos”. Descubramos esas pequeñas cosas que tiene cada día, que nos regala la vida y que nos pasan inadvertidas por la velocidad a las que no lleva el ritmo que nos hemos impuesto. Nos han hecho centrarnos en placeres efímeros y pasajeros que muchas veces dejan más vacío que alegría pasado el regusto inicial. Disfrutemos el cariño de un hijo, de una mirada de amor, de un silencio cómplice que dice más que mil palabras, de un te quiero, Disfrutemos en definitiva de la vida.

Así mismo, pequeños esfuerzos y pequeñas renuncias de cada uno, la responsabilidad individual, suman mucho y pueden ayudar a que el bien común sea mayor y esta crisis se supere más fácil o de forma menos difícil.

Por eso, de una situación y una vivencia muy mala como una pandemia de estas dimensiones, con una nación y una economía paradas, en la que muchos hemos tenido que cerrar nuestros negocios, en lugar de centrarnos en lo malo, los miedos, los egoísmos, etc busquemos puntos de unión, puntos de convivencia, puntos de ganar en humanidad, de mejorar como sociedad.

Cartel en el ascensor de casa.

Si algo tengo claro, es que España, con sus miserias, con todas sus cosas malas que podamos ver, a la hora de la verdad, somos una nación de las más generosas del mundo como hemos podido ver en muchas ocasiones (11-M, accidente de Angrois, las inundaciones, etc.). Estos días se pidió sangre en Madrid y a las pocas horas tuvieron que avisar que ya había de sobra, la gente se ofrece a ayudar sin esperar nada a cambio, va saliendo lo mejor de nosotros. No tengo ninguna duda de que saldremos reforzados como nación, como sociedad, como familias y como personas. Fijémonos en eso y ganemos la partida al virus, venzamos al mal con el bien. ¡VINCI IN BONO MALUM!

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