A mis padres. Un trasplantado.

“[…] cuando dejaron de ser superhéroes. Con los avatares de la vida e ir madurando yo, te vas dando cuenta, proceso no fácil, de que los padres fallan, se equivocan, son humanos. Pero esto no restó valía a lo que hicieron hasta ese momento, al revés, la multiplicó. Si es admirable lo que hicieron en un superhéroe, ¿cuánto más lo es en unas personas de carne y hueso? […]”

Empiezo este texto, sabiendo que ponga lo que ponga, cualquier agradecimiento que les pueda hacer a mis padres, se va a quedar corto.

Mis padres.

Empezaba el año 1977, cuando una familia cuyos padres tenían 35 y 30 años y tres hijos de 7, 6 y 3 preparaban la llegada de su cuarto miembro (años después nacería mi hermana). La ilusión era inmensa, el gozo enorme y todos esperaban la llegada del pequeño. La sorpresa es que el niño, al poco de nacer cayó gravemente enfermo. Una enfermedad sin cura y con pronóstico más bien regular. El niño ero yo y generosamente me daban un año de vida.

Con todas las papeletas para ser un niño mimado insoportable, por mis padres y hermanos, amigos de la familia y tanta gente que me ha querido y rezado, hicieron que fuera una persona normal. Eso creo al menos. 

Pero a lo que iba, mis padres siempre fueron mis superhéroes, que aguante, que firmeza, que capacidad de aceptar lo que les vino y hacer que nadie se sintiera menos y saber dar a cada uno lo que necesitaba a pesar de todo. Ni mis hermanos por el tiempo dedicado al niño enfermo, ni yo por haberme hecho un consentido. Que amor y abnegación ante la adversidad, que capacidad de amor y multiplicar ese amor para que todos tuvieran su espacio, dentro del que yo les robaba a mis hermanos. Así fueron pasando los años de admiración y amor infinito hacia mis padres y la relación fue cambiando, con dos momentos claves. 

Uno, cuando dejaron de ser superhéroes. Con los avatares de la vida e ir madurando yo, te vas dando cuenta, proceso no fácil, de que los padres fallan, se equivocan, son humanos. Pero esto no restó valía a lo que hicieron hasta ese momento, al revés, la multiplicó. Si es admirable lo que hicieron en un superhéroe, ¿cuánto más lo es en unas personas de carne y hueso?

El superhéroe no falla, siempre lo hace bien, es relativamente fácil serlo. Pero dos personas de carne y hueso, con su aciertos y fallos, que estén a la altura -o por encima- de lo que podría hacer un superhéroe, los convierte en mis superhombres, la categoría más elevada que hay.

El otro punto de inflexión, fue el 7 de diciembre de 2018, cuando nació Amelia. Si siempre me pareció increíble la capacidad de amar, de entregarse, de sufrir con una sonrisa, de llevarme con entereza a pesar de lo que vivían, etc. El día que fui padre, de verdad me pude empezar a imaginar, un poco sólo, lo que debieron pasar. Ver sufrir a un hijo es algo para lo que no estamos preparados, lo que les hace aún más superhombres, más geniales.

Ojalá algún día me vea Amelia la mitad de buen padre, de lo que yo los veo a ellos, será que he sido un padre excelente.

Gracias por todo lo habéis pasado, sois parte importante de lo que soy; sois parte importante de que sienta como siento: sois parte importante de que intente exprimir cada día la vida; sois parte importante de que intente mejorar el mundo; sois parte importante e imprescindible de mi vida.

Gracias. Os quiero

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