A mi Cristo amputado. Un trasplantado.

Muchas veces las relaciones con las personas surgen de fogonazos, una persona se presenta a nosotros y rápidamente sabemos que nos vamos a entender y caer bien; otras necesitan un camino más o menos largo para alcanzar ese nivel de amistad; las hay que no lo alcanzan nunca.

El P. Figaredo en Camboya.

Eso me pasó con el Cristo amputado de la Fundación del P. Figaredo en Camboya, donde acoge a niños mutilados por las minas antipersona.

Mi relación surgió por un chat de whatsapp, donde un amigo del cole, el Recuerdo (Nuestra Señora del Recuerdo), colgó una foto para enseñarnos las nuevas cruces de la Primera Comunión. Se las entregan el día de la Primera Confesión y deben custodiarlas hasta la Primera Comunión. Fue verlo y sentí ese fogonazo.

Cristo amputado del P. Figaredo.

Es una tontería, pero en el acto me sentí tan querido por ese Cristo amputado, amputado como yo, tan unidos en el sufrimiento, aunque gracias a Dios yo no haya aguantado ni una décima parte de lo que aguantó Él. No se que sentirán los niños de Camboya, pero imagino que notarán lo mismo que yo o algo muy parecido. Somos seres de encuentro, necesitamos la comunidad y necesitamos referentes o ejemplos como nosotros. Este Cristo lo fue para mi, sentí como si me acompañara, como si caminara a mi lado, con lo que nos cuesta hacerlo a ambos sin una pierna. Vivir lo mismo es una forma de comunión. Ironías de la vida. Dios escribe recto en renglones torcidos.

“Si Yo tuviera otro medio para acercarte a Mi que no fuera el sufrimiento, te lo daría” escribía Gabrielle Bossis en su diario espiritual llamado “Tú y yo”. Me impresiona, admira y quisiera para mi, esta fe que tienen algunos de los que nos han precedido. Que sencillo sería todo si con esa fe nos pudiéramos ahorrar tanto aprendizaje, aunque probablemente no lo valoraríamos o no de la misma forma. Pero no es así, somos ”!Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!”, nos cuesta ver y más entender, lo que tenemos delante, “mors tua, vita mea”

Con esto, no me olvido de otros motivos u otros Cristos. Uno de mis favoritos sin duda alguna y con el que también me siento muy identificado es el Cristo de Javier, el Cristo sonriente en la Cruz. ¿No os parece un ejemplo sublime sonreír en la Cruz con lo que debería estar pasando y lo que había pasado? ¿Quién si no es Jesús sería capaz de hacer eso? Por eso tambien me sentí muy unido a Él y sigo unido. Ya sabéis que uno de mis lemas es que un día sin sonrisa (sincera), es un día perdido. “Duc in altum”

Cristo sonriente de Javier.

Pero he de decir, sin desmerecer al de Javier, que me he sentido muy tocado por mi Cristo amputado. Los dejamos en empate, todos son Jesús y cada uno en su momento ilumina como debe, pero siempre la luz viene del mismo. También señalar la experiencia que tuve al colgar la foto en Instagram del Cristo amputado, fue decir que me encantaría tenerla y varias personas ofrecerme la suya. Y no todas me conocían. Ahora tengo dos, uno grande de madera para mi mesilla y otra pequeño que llevo colgada al cuello. Gracias Pilar y Ana (a quien conocí unos días después de regalármelo) por el regalazo y a los que me lo ofrecisteis y no os acepte el regalo por ya tenerlo.

¿Aún me preguntáis que cómo puedo decir que soy un tipo con suerte? ¡Soy un tipo con mucha suerte!

Os dejo esta impresionante oración al Cristo del calvario de Gabriela Mistral que me mandó mi primo, el P. Ignacio Delgado:

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén

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