Los tesoros. Un trasplantado.

A veces la vida se complica, se pone cuesta arriba, nos acompañan sucesos adversos, ya sea enfermedad, problemas laborales, familiares, emocionales, etc. y en esos oscuros momentos parece que no vamos a tener fuerzas. Y en esos duros y complicados días, cuando sacamos fuerzas donde no las hay, necesitamos un motor, motor que no siempre somos conscientes de tener, motor que cuesta encontrar, pero mirando atrás, buscando en el baúl de los recuerdos, como decía Karina, lo encontré en mi vida.

“Buscando en el baúl de los recuerdos, uh uh
Cualquier tiempo pasado nos parece mejor
Volver la vista atrás es bueno a veces, uh uh
Mirar hacia delante es vivir sin temor”.

Y en ese echar la vista atrás, en ese buscar los tesoros de mi vida, aparecen muchos recuerdos. Curiosamente, os lo he contado muchas veces, ninguna es material, aunque en el momento las materiales pudieran haberme obnubilado.

Es curioso la fuerza que tiene sobre nosotros lo material, para el gozo tan efímero que es. Tan irreal, que aunque creemos que nos va a dar felicidad, realmente es placer. Por eso no sacia y no se queda en nuestro alma para siempre. Pasa rápido y nos reclama más y más, en un círculo vicioso que nos impide crecer lo que potencialmente podríamos.

En cambio, en esos recuerdos reales, pero intangibles y curiosamente imborrables, hay una imagen que se repetía cada día durante muchos años. Los siete rezando.

Recuerdo con alegría rezar todos juntos. La ilusión que hacia el día que te tocaba mirar en la “hoja de Taizé” las lecturas del día y leer. Luego reflexionábamos y cada uno dábamos nuestra opinión sobre el Evangelio del día. Lo recuerdo como algo mágico. Magia que sin enterarme iba calando en el fondo de mi ser. Y, en ese entrar en mi, con sus épocas de mayor firmeza, en que todo es más fácil, como en primavera o el verano y épocas más áridas, en que todo parece entenderse menos y es más duro, como el otoño o el invierno, siempre me ha acompañado la fe.

Una fe que me ha hecho posible aguantar muchos de los envites, u órdagos, que me tenía la vida guardados en el horizonte. Que en momentos en que pensaba que no podía más, como aquellos apóstoles que llevaban toda la noche faenando sin pescar nada, al final, confiando, siempre podía tener una buena recompensa, una buena jornada, salir con la red llena de peces.

¿Por qué cuento esto? Porque muchos sois los que lleváis muchos meses diciéndome que me encomendáis a diario, que rezáis mucho por mi, me entero de cadenas de oración, etc. podéis imaginaros después de contaros esto, de lo importante que es todo es para mi. El mayor regalo qu eme podéis dar.

No intento convencer a quien no cree, de quien agradezco infinito, como también he contado, sus buenos deseos y pensamientos; no quiero hacer apología de nada, sino contar algo importante para mi. Básico para mi vida.

Gracias papá y mamá por este regalazo.

4 comentarios sobre “Los tesoros. Un trasplantado.

  1. Muchísimas gracias,Pablo, por darnos la ocasión de pensar en todo lo bueno que Dios nos ha dado: familia,amigos, gente como tú que nos enseña cómo hay que encarar las dificultades cundo vienen, que han de venir. Un fuerte abrazo

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    1. Muchas gracias por tu cariño. Hay que tener mucha gratitud y confianza, aunque a veces pare a imposible. Un fuerte abrazo

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