La luz. Un trasplantado.

La luz es infinita, es penetrante, es vida, es un regalo. Puede ser natural o artificial. Me gusta la luz difuminada del crepúsculo, la luz de un día de frío con cielo despejado en Madrid, la de un atardecer en Playa América, la de después de una tormenta en Segovia, la luz difusa tras los cristales un día de lluvia, incluso la ausencia de luz un día de luna nueva que crea una oscuridad tal, que permite ver nítidamente la luz de las estrellas.

Todas ellas son luces especiales, hasta las normales que no he nombrado lo son. Nos hace la vida más fácil o mejor dicho, nos hacen la vida posible. Su ausencia nos haría muy complicada la vida. Resumiría la posibilidad de vida a las horas de día.

También, podría dividir así a las personas, las que dan luz, que nos facilitan la vida y como si fuera la luz de una incubadora que madura al prematuro o el sol sobre una llema nueva de un árbol en primavera, así, esas personas nos hacen crecer y sacar la mejor versión de uno mismo.

Por otro lado, hay personas oscuras, que nos dificultan o al menos no facilitan. Personas que, como un tubo fluorescente medio fundido que vibra, nos marean y descentran. La mayoría sin maldad, pero no nos hacen crecer y algunas, las menos, hasta nos roban energía.

Y están las luces indirectas, por rebote o reflejo, que ayudan a quien no esperan, a quien en teoría no debía, pero su fuerza se escapa de sus ángulos lógicos.

Ser faro para otros es un regalo, una responsabilidad añadida a la vida, pero el tesoro de poder ayudar a otro a sacar su mejor yo, a crecer cuando cree que ya no puede mas. Ya sea de luz directa o indirecta, debemos intentar siempre ayudar a todos, ser referente, ser consuelo, ser razón de alegría o de quitar peso al que se hunde.

Gracias por el regalo Ana

El otro día, una buena amiga gallega, Ana, me envió esta foto. Me emocionó recibirla. Siempre he dicho que si mi padecer ayuda al menos a una persona, había merecido la pena. Recibir esta imagen tan simbólica, unido a lo que ponía, que me reservo y guardo, me alegro el día.

Gracias a mis luces del camino que, junto con las sombras, me han enseñado a ser, o al menos intentar ser, cada día mejor persona, ayudar a más gente, ofrecer mi penar e intentar que el mundo sea cada día algo mejor a mi lado. Gracias a los que de una u otra forma me habéis dicho que os he servido de luz, que os he ayudado o inspirado con mi vivencia de la enfermedad, con mi afrontar los continuos envites de la vida.

Empecé la aventura de este blog pensando en ayudar en enfermos renales como yo. En esos días no contaba con perder ni una, ni dos piernas. La realidad, es que al final veo que llega a mucha más gente de la esperada.

Gracias por leerme, por escucharme, por dejar que mi humilde testimonio os llegue y sobre todo tomarme como luz,. Lo acepto con orgullo y responsabilidad.

2 comentarios sobre “La luz. Un trasplantado.

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