Adiós 2021. Un trasplantado.

Querido 2021, ¿qué decir de ti a cuatro días de que acabes? Podría decir que has sido un año horrible y sin mentir, faltaría a la verdad; podría decir que has sido genial y sin faltar a la verdad, mentiría. Has sido sido intenso, a la vez muy cruel, pero sin duda alguna, también has sido muy generoso.

Intensidad por las experiencias vividas en todos los ámbitos. En problemas de salud, no todos los años le amputan a uno a una pierna; en vivencias de vida, he publicado mi primer libro, he vuelto a curar, a enseñar, he consolidado el dar conferencias y seguir creciendo en ese campo y a la vez ayudar a los demás; en crecer juntos el Equipo SAP, en la adversidad de la enfermedad, pero también en unión, en generosidad unos con otros y como personas; y como no, en la fe, mejor lo decía San Pablo: «He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe;» (II Tim 4, 7).

Sin duda alguna he vivido la experiencia más cruel de mi vida a día de hoy. La agonía de la espera para la amputación y la llegada de esta. El miedo en la espera, la incomprensión de la incertidumbre de lo que nos toca, las ganas de que sea un mal sueño aunque sabemos es real. No hay palabras para describirlo, es tan duro, que sólo contarlo duele, sólo recordarlo hace sufrir las costuras de la herida del alma por lo padecido.

Pero a la vez, he vivido momentos mágicos. Soy de los pocos que sabe que se siente al dar los primeros pasos. Experiencia que vivimos siendo tan niños que olvidamos su sensación y de mayores damos por hecho que tenemos que caminar, sin valorar la magia que es ese movimiento. Cuántas cosas perdemos o dejamos de disfrutar por no tener el alma y la mirada de los niños. Una mirada profunda, sana, limpia, llena de amor y vacía de temor. Después de un año y medio de docencia online o de baja por el covid y la amputación, poder por fin volver a la consulta, a practicar el regalo de curar y cuando no, acompañar a los pacientes en el dolor; el tesoro de dar clase, de enseñar algo, pero sobre todo intentar contagiar mi pasión por la fisioterapia, por una vida plena y coherente, en definitiva mi amor por la vida; he dado muchas conferencias, a jóvenes, mayores, en colegios, en universidades, empresas, parroquias, hasta algún grupo de amigos y he tenido la dicha de poder ayudar y hacer apostolado gracias a ofrecer mi experiencia como enfermo; he podido volver a hacer cosas tan pequeñas y grandes a la vez como pasear con Sara, caminar con Amelia, volver a cogerla en brazos sin riesgo de caernos, conducir, etc. Han sido unos meses maravillosos, llenos de intensidad, de experiencias viejas renovadas, nuevas soñadas y otras no esperadas.

Y como no todo es horrible, ni mágico, sino que como muchos días de primavera son de sol y nubes, muchas de estas experiencias venían entreveradas y cruzadas, de tal forma que no me dejaban caer demasiado, ni emocionarme tanto que perdiera perspectiva con la realidad. Soy muy dado a soñar y volar con mi mente sin destino, ni plazos.

Al final, haciendo balanza de lo vivido, puedo decir en resumen, ¡que soy un tipo con suerte! Que tengo mas que agradecer a la vida, que por lo que pedirle explicaciones.

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