Mirar atrás. Un trasplantado.

¿Mirar atrás? Cuando miramos atrás, muchas veces, buscamos una época pletórica y pretérita que ya no está; un momento de salud que se esfumó; una paz espiritual que voló. En definitiva, nos agarramos a lo que fue, como el barco anclado, lo que nos impide avanzar a velocidad de crucero aceptable. No soltamos lastre.

Además, mirar atrás puede dañarnos. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Los niños pequeños ven una y otra vez los mismos dibujos porque saben lo que va a pasar y eso les da seguridad. ¿Será esa la razón por la que tantas veces nos aferramos a ese pasado, no siempre mejor, pero en el que sabemos que hay?

Mirar atrás, no es malo por la nostalgia de los recuerdos vividos, las personas perdidas y las amadas y los lugares que forman las raíces de nuestro existir. Más allá de eso nos puede dañar.

Pero si hay un viaje al pasado enriquecedor, que como un buen abono, con el agua justa y en el momento adecuado, nos hará crecer, es el viaje sanador.

El viaje sanador, es el viaje para hacer las paces con nuestro pasado, con nuestro yo. Pasado en forma de errores, en forma de fracasos en forma de sueños incumplidos o en forma de una realidad distinta a la que soñamos. Una carrera profesional distinta a la pensada, una familia diferente a la que vimos en nuestros sueños o una enfermedad no deseada. Nunca son dañinas. A veces avanzamos como queremos y otras muchas vamos por la vida como podemos.

Haciendo las paces con nosotros, asumiendo quien soy yo, cuales son mis circunstancias, cuales fueron mis errores que me hicieron crecer, mis aciertos que afianzaron mi sabiduría y sobre todo, la esencia de mi ser, ese diamante en bruto que todos tenemos dentro, que es nuestro don, nuestro centro nuclear, la esencia que a veces olvidamos.

Volver atrás a limpiar, pulir e incluso tallar ese diamante para acercarnos al mejor yo. Ese es el viaje al pasado verdaderamente sanador, renovador y reconstructor. Cuando me cortaron la pierna, me di cuenta, que lo difícil, no era aprender a caminar, a mantener el equilibrio, a hacer transferencias de la silla a de pie, luego al sillón, etc. Sino, lo difícil, era DESAPRENDER a hacer las cosas como las hacía con dos piernas y que ahora, con una, no me servía.

Volver atrás para coger fuerzas renovadas, soltar el lastre que nos sobra, para desaprender de nuestro pesado pasado y salir reforzados hacia delante, camino de la victoria personal, del conocimiento propio, del amor real a uno mismo.

Ese es el viaje al tiempo ya pasado que nos haría volver al tiempo presente preparados y fuertes, de verdad reconciliados con nosotros mismos, para poder disfrutar, exprimir y de verdad vivir los días que vienen. Para de forma sincera vivir hogaño, el hoy, no pensando en el pasado con el que nos hemos reconciliado, ni dando importancia al futuro que no conocemos, ni podemos influir en el.

A por el presente, a por la felicidad sincera, a perdonarnos nuestros días pasados, olvidar los mañanas y vivir los hoy que nos quedan con franqueza y felicidad sincera. Ese es el camino de la felicidad y la plenitud.

6 comentarios sobre “Mirar atrás. Un trasplantado.

    1. Muy buenas, si. A ver si hay suerte y puedo recuperarla. Sino empezaremos de cero. Siempre hacia delante. Mientras, por si no la recupero, he creado @untrasplantado2. Muchas gracias. Un abrazo

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