Vuelta al ruedo. Un trasplantado.

6 toros 6, dicen los carteles por toda la localidad. Día y hora, D.M., que se ha perdido la costumbre de nombrar al Divino Hacedor, señaladas. El miércoles 16 por la mañana. Mientras la vida sigue su curso y cada uno fluye en su caminar, para el maestro, la vida se ha detenido. Es la tarde de su vida, es el día que soñaba, pero los nervios atenazan los músculos y el miedo agarrota la mente. Mira por la ventana y no ve, afina el oído y no escucha. Es la responsabilidad que sólo deja espacio para la preocupación de la tarde que le espera. La gloria o el ocaso, el éxito o el fracaso, salir a hombros o abucheado. Se encomienda a la Virgen, se persigna y avanza por los pasillos del hotel camino de la plaza, camino de su tarde.

Foto de la feria de otoño de 2019

Esa emoción, esas ganas de éxito, esa necesidad de triunfo es la que siento yo ante mi nueva gran tarde. Otra vez me encierro con 6 toros, nada fácil, pero posible. Estoy preparado. Físicamente lo que he podido, emocionalmente, sin duda alguna. En ese momento de concentración, todo lo secundario queda atrás, olvidado. La cuadrilla, más importante casi que el maestro, el Equipo SAP en mi caso, también mira con preocupación la tarde. Hay cosas que sólo pueden hacer ellos y otras que sólo yo. Pero juntos, en preocupaciones y deseos, en el silencio de la tensión previa a la faena, sin mirarnos, nos vemos y sin hablarnos, nos entendemos.

En una revisión de vascular, me han dicho que definitivamente sí me operan. Sí me hacen el bypass aortofemoral al que renunciaron en julio. No es corto el trayecto, ni fácil el camino por la fibrosis de todas las operaciones previas. 9 en la zona. Eso no quita el deseo de que funcione e irrigue de nuevo mi pierna y como el campo en primavera florezca. Tampoco que para que eso pase, el camino sea duro. Como el maestro que se prepara, solo, en la majestuosidad del campo, con la mente puesta en el albero y el cuerpo en la preparación, lucha con tesón y garra, con fuerza e ilusión, en esa faena.

Será dura la cirugía, será dura la recuperación, ya que mi estado de salud no es el ideal, pero, sobre todo, será maravilloso el despertar, Dios lo quiera, con el éxito deseado de la cirugía. Como siempre, en cada cirugía que recuerdo, y son unas cuantas, antes de que me cuente alguien como ha salido, en el ensoñamiento del despertar, despacio iré deslizando mi mano hacia la zona de la operación, y aturdido por la anestesia, palparé despacio la venda que esconde lo que en unas horas será dolor y ahora es incertidumbre ante cómo habrá salido. Cada uno tiene sus ritos, este es uno de los míos. Nunca lo pienso, pero siempre lo hago.

Antes de la cirugía, en la mesa de quirófano, hablo con el cirujano, rezo, como decía mi abuela Marita, por los doctores y porque el Espíritu Santo guíe sus manos. Les digo, como Paquirri en aquella tarde de Pozoblanco, que me dejo en sus manos. En las del anestesista que me duerme y me lleva a soñar y la de los cirujanos que hacen su magia. Y sobre todo en manos de Dios. Y como si fuera el previo de una corrida en la que mucha gente hace su trabajo para que la faena sea posible, el personal de limpieza, el cuerpo de auxiliares, las enfermeras y los médicos, hacen su genial trabajo y después empieza mi faena. La recuperación.

Y en esa faena, como si fuerais el público que me acompaña y luego sacará a hombros, nunca falláis. Cada uno a sus cosas de la vida, como pasa en el graderío. Unos cuentan anécdotas de amigos, otros se deleitan con el humo de un rico habano, no pocos empinan el codo para refrescarse los gañotes con el vino de la bota, otros tantos sacan el taco de chorizo y la mayoría, entre discusión sobre los morlacos, juicio sobre los pases y manifestar sus preferencias, pasan la tarde, disfrutan la faena, se evaden de los problemas del día a día y acompañan, empujan y llevan en volandas al maestro.

Después de este cuento, sólo os pido una oración por mi cirugía. Cómo dice Fernando, la providencia proveerá. “La oración es una escuela de libertad. Cuanto más fiel soy a la oración, más libre me hago”. Jacques Philippe

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