Vivir mi vida. Un trasplantado.

Hoy es el día internacional de las personas con discapacidad. Hoy en día la sociedad nos lleva con ruido, con luces, nos arrastra como a un rebaño hacia cosas que ni si quiera nos planteamos si las queremos. O lo que es peor, como decía el actor Will Smith: “Gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente a la que no le importamos”

Por ejemplo, ahora que estamos en Adviento, tiempo de preparación para la llegada de la Navidad, todo son cenas, planes, regalos, viajes, etc. pero, ¿qué espacio dejamos a la Navidad, a su esencia, a la venida del Niño Dios si somos creyentes? Si vamos a un plan familiar, ¿cuántas veces estamos pensando en el móvil, lo que tenemos que hacer el lunes o lo que sea, pero no realmente a lo que nos ocupa, que deberían ser las personas?

La paz, la tranquilidad, el sosiego, etc. son importantes, necesarios, imprescindibles, diría yo, para tomar perspectiva real con las cosas, con la vida, con los sucesos que nos acontecen en el correr de los días.

Por eso la vida, a veces, si no nos paramos, nos obliga a parar, nos obliga a centrarnos, a ser nosotros mismos. Llega la hora de la verdad, nos detectan una enfermedad, nos pasa algo gordo o llega un problema inesperado, lo que sea, pero nos obliga a parar y lo que es mejor y más difícil, parar y ser nosotros mismos.

Y aunque a veces no es fácil, es lo que más nos va a ayudar. Es lo que más conviene. Y que mejor que hacer caso a Oscar Wilde: “Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados.

Y en ese momento, más que nunca, es el día en que tenemos que tomar las riendas de nuestra vida, dejar a una lado la de los demás, de mirar a otros y centrarnos en crecer nosotros, en vivir nuestra historia, afrontar nuestras luchas, en definitiva escribir nuestra biografía y vivir nuestra vida, vivir mi vida, con sus cosas buenas y malas con sus desgracias y venturas, es la que nos ha tocado. Y no hay otra, no va cambiar por no afrontar nuestra realidad y nuestra esencia.

Al principio es difícil, pero cuando sólo te queda la opción de mirar hacia delante y seguir, os aseguro que salen fuerzas de donde no imaginamos, nos conocemos lo que nunca pensamos que íbamos a conocernos y nos valoramos como casi nunca lo hicimos antes. Y a veces hasta parece más sencillo de lo que a priori teníamos en mente y apuntaba la hazaña que nos esperaba en el horizonte.

¡A por ello! No mires a los lados a ver a otros, no te guíe lo que dicen los demás, fíate de tu corazón y sigue adelante. A veces es bueno mirar nuestra vida desde un prisma distinto, desde una perspectiva diferente, para aceptarla, valorarla y quererla como es.

Paso de cebra en la salida de la puerta L del Hospital Clínico. Siempre con coches e incomprensiblemente, sin rampa. Nada accesible pista muchos minusvalidos.

Hoy, día internacional de las personas con discapacidad, aprovecho para hacer este final, pensando en esa parte de la sociedad que no vive su vida. Pero encima, tampoco deja a otros vivir su vida. Me refiero a esa parte de la sociedad que no sólo no integra a los discapacitados, sino que los excluye. La parte de la sociedad que tiene disfobia, término que hace referencia al odio o aversión contra las personas con discapacidad.

Y pasa mucho más de lo que nunca pensé, más de lo que por desgracia creemos como sociedad. Seguro que muchas veces no son ni conscientes. Esa parte de la sociedad, tan falta de caridad, tan llena de soberbia para no ver su pequeñez y tan vacía por dentro, que su único afán es vivir aparentando lo que no son y criticar y tener que decir a los demás como hacer las cosas. Esa parte de la sociedad que se atreven a mirar con ojos inquisidores, porque curiosos no molestan, es normal que llame la atención.

Esa parte de la sociedad que mira con ojos inquisitoriales mi muñón, mi catéter, mi caminar diferente o que lleve pantalones cortos (dicho en primera persona, pero les pasará a todos los que tengan algo así). Cuando llevo pantalones cortos para poder quitarme la prótesis cada ciertas horas, para que no me haga llagas la prótesis y tener que estar una semana sin muletas. Esa parte de la sociedad que discute por sí somos minusvalidos, discapacitados o personas con capacidades diferentes -que lo somos todos- pero que aparca en la plaza PMR (personas con Movilidad reducida), que te van entrar en el autobús y no te dejan sitio para sentarte.

Como si yo hubiera elegido perder una pierna. Creo que yo tengo una enfermedad que se cura con una prótesis y otra que me mantiene vivo con la diálisis, pero ellos tienen una enfermedad difícil de curar. Cómo tan exactamente dice Jorge, y he cambio do parte del texto a raíz de su comentario, faltos de luz. Dice su textualmente:

“no los veas como enfermos de maldad, sino como personas que aún no han «despertado». Personas que viven tan metidos en lo contigente que aún no han visto la luz de lo que trasciende, de la esencia del ser humano, de aquellos valores que nos definen como seres únicos e irrepetibles. Para mí no están en el infierno; están en Babia.”

Rezo por ellos porque algún día puedan entrar en esa luz.

4 comentarios sobre “Vivir mi vida. Un trasplantado.

  1. Pablo, me alegra que haya salido bien la operación.
    Respecto a lo que expones en este hilo, yo sí quiero hacerte una observación al último párrafo. A quienes te piden que tapes el muñón, no los veas como enfermos de maldad, sino como personas que aún no han «despertado». Personas que viven tan metidos en lo contigente que aún no han visto la luz de lo que trasciende, de la esencia del ser humano, de aquellos valores que nos definen como seres únicos e irrepetibles. Para mí no están en el infierno; están en Babia.

    Y respecto a la Navidad, creo que urge una reflexión crítica entre quienes profesamos la fe cristiana. Puesto que la Iglesia usurpó esta festividad al mundo pagano para convertirla en la celebración del nacimiento de Jesús, entonces tenemos dos opciones: o somos coherentes con el espíritu de esa celebración y abandonamos toda la suntuosidad que le es impropia (cenas, comidas, regalos; deleite hedonista, sin más); o aceptamos la versión pagana, con todo lo anteriormente citado, y dejamos la conmemoración del nacimiento de Jesús para otro momento y estado de ánimo -reservado, expectante, introspectivo- más propio de algo así.

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    1. Gracias Jorge por un mensaje tan bonito. Coincido en todo. Tanto, que he retocado el último párrafo, que el penúltimo y algo del principio.

      Muchas gracias por tu inspiración.

      Un abrazo

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