Hoy he estado con alumnos de 2º de Farmacia, Genética, Ingeniería Biomédica y Arquitectura de la @ufvmadrid . Y cada vez que cruzo la puerta de un aula me pasa lo mismo: siento que entro con mis cicatrices… y salgo con esperanza.
Porque no voy a hablarles de teoría. Les hablo de miedo. Del miedo real de vivir enfermo. Del miedo a no entender lo que te está pasando. Pero también la luz al dejar los porqués de lado y hacer míos los para que.

Y mientras lo cuento, veo en sus caras algo que me conmueve: no están escuchando una historia ajena. Están intentando comprender al paciente que un día tendrán delante.
Me preguntaban cómo hacer una prótesis más cómoda. Qué adaptaciones necesita una casa para no convertirse en un obstáculo. Cómo acompañar espiritualmente a alguien que sufre. Y yo pensaba: qué suerte la mía que mis miedos, mis dudas y mis heridas puedan servir para afinar su vocación.
Porque mis caídas no fueron en vano si hoy ayudan a un futuro ingeniero a diseñar con más humanidad. Mi incertidumbre no fue estéril si despierta en un farmacéutico la conciencia de que detrás de cada tratamiento hay un corazón asustado. Mi dolor tiene sentido si enseño a un genetista la pasión por cambiar vidas desde el inicio. Mis noches oscuras no fueron inútiles si un arquitecto aprende que la accesibilidad no es un trámite, sino dignidad.

A veces uno tarda años en entender que lo que más le dolió puede convertirse en herramienta para otros. Yo no entendí muchos porqués. Y sigo sin entenderlos todos. Pero empiezo a intuir el para qué cuando veo a estos jóvenes escuchar con esa mezcla de respeto y vocación naciente.
Qué regalo que mi vida, que sobre el papel parecía torcerse, pueda ayudarles a ser mejores profesionales y, sobre todo, mejores personas.
Si mis heridas les enseñan a mirar a la persona entera y no solo su patología, entonces todo ha merecido la pena.
Y al salir del aula siempre me acompaña la misma certeza: nada de lo vivido es inútil cuando se comparte. Porque el sufrimiento encerrado se pudre, pero el sufrimiento ofrecido se transforma en servicio.
Que nunca se os enfríe el corazón. La técnica se aprende; la compasión se cultiva cada día.



2 comentarios
Bendito seas Dr. Pablo !!! Tu generosidad y entrega me conmueven…
Estas dejando profundas huellas en esos jóvenes!!!
Gracias Gracias Graciasssss
Muchas gracias de corazón. Para mi es un regalo poderles ayudar y es una forma de sentido a mi sufrimiento. Un abrazo