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Domingo de Ramos. Un trasplantado.

“Me viene una pregunta muy concreta: cuál es mi lugar de verdad en esta historia, dónde estoy yo cuando la cosa deja de ser fácil, cuando ya no hay aplausos, cuando permanecer empieza a costar.”

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Hoy todo parece empezar bien. La gente aclama, las ramas se levantan, hay entusiasmo, hay una alegría compartida que lo envuelve todo. Pero lo que más impresiona no es lo que hace la gente, sino lo que ya sabe Cristo mientras entra: sabe que esos mismos gritos no van a durar, que la emoción es frágil, que el corazón humano cambia rápido, que donde hoy hay entusiasmo mañana puede haber silencio o incluso rechazo.

Y, aun así, entra.

No entra exigiendo fidelidad perfecta, ni esperando una respuesta impecable. Entra sabiendo quiénes son los que le reciben, quiénes le van a fallar, quiénes se van a ir, quiénes se van a esconder cuando llegue el momento difícil. Y, aun así, no se echa atrás.

Eso descoloca, porque nosotros vivimos muchas veces al revés: queremos estar seguros antes de dar un paso, queremos sentirnos firmes antes de comprometernos, queremos garantizarnos que vamos a responder bien. Pero Dios no espera a eso. Dios entra sabiendo exactamente a quién está entrando a amar.

Y eso nos incluye. Con nuestras incoherencias, con nuestras idas y venidas, con esa forma tan nuestra de estar cerca algunos días… y desaparecer otros. Nos incluye también cuando no estamos a la altura, cuando la fe se enfría, cuando lo más fácil sería tomar distancia y mirar desde fuera.

Por eso el Domingo de Ramos no es solo un comienzo bonito. Es casi un espejo incómodo. Porque es difícil no reconocerse ahí, aplaudiendo cuando todo es fácil, dejándose llevar por el momento… y descubriendo después que quizá uno no estaba tan dentro como pensaban

Y entonces la pregunta ya no es lo que hizo aquella gente, sino lo que pasa en mí. Porque a veces uno se ve en esa mezcla rara: capaz de aplaudir al paso… y de alejarse cuando todo se complica, de entusiasmarse… y después callar, de se abre una pregunta muy concreta: cuál es mi lugar de verdad en esta historia, dónde estoy yo cuando la cosa deja de ser fácil, cuando ya no hay aplausos, cuando permanecer empieza a costar. cerca… y acabar escondiéndose.

Y ahí, sin hacer ruido, se viene una pregunta muy concreta: cuál es mi lugar de verdad en esta historia, dónde estoy yo cuando la cosa deja de ser fácil, cuando ya no hay aplausos, cuando permanecer empieza a costar.

Porque Él entra igual. Sabiendo todo eso. Sabiendo también lo mío. Y, aun así, no pasa de largo.

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“Nosotros también llevamos lo nuestro: preocupaciones, cansancios, heridas que a veces ni siquiera sabemos nombrar. Y, sin embargo, hay algo profundamente consolador en descubrir que no las llevamos solos”

Mi primer libro, “Diario de un trasplantado”.

En el cuento algunas de las cosas que a mí, como enfermo crónico y como sanitario, me ayudan a llevar mi enfermedad y sus consecuencias y a la vez intentar alcanzar la felicidad. Ya podéis comprarlo en el siguiente enlace:

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