Durante mucho tiempo creí que el éxito era llegar más lejos, subir, destacar. Tener la agenda llena, ganar más…demostrar más.Y lo intenté.
Y sí, todo eso suma. Pero no siempre llena.

La vida, quizá a los 48, quizá antes, quizá cuando la vida te zarandea, te enseña que lo verdaderamente importante no cabe en un currículum ni se mide en números. Son las personas que estuvieron cuando dudaste. Los abrazos inesperados, las conversaciones a deshora, la mano que te sostuvo justo cuando temblabas.

En lugares donde hay menos cosas, entendí que había más vida. Y que perseguimos demasiado lo que brilla y muy poco lo que abraza.
Quizá, al final, el éxito sea eso: vivir con el corazón despierto, agradecer un poco más, necesitar un poco menos y entender que lo esencial, lo que de verdad nos salva, casi nunca es grande ni ruidoso… es cercano, sencillo y profundamente humano.

¿Qué es para ti el éxito hoy?
Guárdalo si algún día necesitas recordarlo.
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