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Viernes de Dolores. Un trasplantado.

“Nosotros también llevamos lo nuestro: preocupaciones, cansancios, heridas que a veces ni siquiera sabemos nombrar. Y, sin embargo, hay algo profundamente consolador en descubrir que no las llevamos solos”

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Me interpeló especialmente una imagen que quizá muchas veces pasamos rápido: la del Cirineo. Porque, en el fondo, todos nos hemos preguntado alguna vez si lo único que podemos hacer es ayudar como podemos, con nuestra propia cruz a cuestas, siendo conscientes de que no somos nosotros los que salvamos, que simplemente acompañamos.

Ayer, recorriendo el Vía Crucis en la Universidad Francisco de Vitoria, me di cuenta de que esa escena no era algo lejano. Estaba pasando allí, en los rostros, en los silencios, en esa forma tan humana de caminar juntos sin necesidad de explicarlo todo.

Nosotros también llevamos lo nuestro: preocupaciones, cansancios, heridas que a veces ni siquiera sabemos nombrar. Y, sin embargo, hay algo profundamente consolador en descubrir que no las llevamos solos, que también a nosotros nos sostienen, que Dios nos regala rostros concretos, familia, amigos, comunidad, que, casi sin darse cuenta, hacen de Cirineo en nuestra vida y cargan con ese peso que ya se nos hacía imposible.

Y luego está la tercera caída, que duele de otra manera porque ahí ya no hay épica ni margen, solo el suelo y una pregunta que todos hemos sentido alguna vez: qué sentido tiene volver a levantarse cuando parece que ya no queda nada. Esa caída se parece demasiado a nosotros, a esos momentos en los que sientes que lo has dado todo y, aun así, vuelves a caer, cuando la esperanza empieza a desgastarse de verdad.

Y, sin embargo, Cristo vuelve a levantarse, no desde la fuerza ni desde el control, sino desde algo más profundo que no siempre sabemos explicar pero que sostiene incluso cuando todo parece agotado.

Quizá el Viernes de Dolores no es un día para entender, sino para quedarse, para no huir de lo que pesa y atreverse a mirarlo de frente, reconociendo que hay momentos en los que necesitamos que alguien nos ayude a llevar la cruz y otros en los que estamos llamados, casi sin darnos cuenta, a sostener la de los demás.

Y quizá por eso empieza la Semana Santa así, tocando la herida y no maquillándola, recordándonos que Dios no pasa por fuera de la vida, sino precisamente por esos lugares donde más nos cuesta mantenernos en pie.

Felicidades a las Dolores y Lolas.

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Viernes de Dolores. Un trasplantado.

“Nosotros también llevamos lo nuestro: preocupaciones, cansancios, heridas que a veces ni siquiera sabemos nombrar. Y, sin embargo, hay algo profundamente consolador en descubrir que no las llevamos solos”

Mi primer libro, “Diario de un trasplantado”.

En el cuento algunas de las cosas que a mí, como enfermo crónico y como sanitario, me ayudan a llevar mi enfermedad y sus consecuencias y a la vez intentar alcanzar la felicidad. Ya podéis comprarlo en el siguiente enlace:

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