Dios nace en Nochebuena. Y no pidió permiso.
La Navidad no empieza cuando se encienden las luces. Empieza cuando baja el ruido. Cuando el corazón se queda a solas y se atreve a reconocer que algo le falta. Porque esta noche no celebramos una idea bonita ni una tradición antigua. Esta noche celebramos que Dios se hizo Niño. Pequeño. Vulnerable. Dependiente. Y eso lo cambia todo.
Dios no vino a arreglar el mundo desde arriba. Vino a habitarlo desde dentro. No eligió palacio. Eligió pesebre. No eligió aplauso. Eligió silencio. No eligió fuerza. Eligió amor frágil. El tipo de amor que no impone, que espera. Que llama bajito.
La Navidad auténtica no va de tenerlo todo listo. Va de reconocer que no lo tenemos todo claro. Que a veces estamos cansados. Que dudamos. Que seguimos buscando. Y aun así, Dios nace. También ahí. Especialmente ahí.
José tuvo miedo. María no lo entendió todo. Los pastores llegaron con lo puesto. Nadie estaba preparado. Y aun así, ocurrió. Porque Dios no espera condiciones ideales. Espera un corazón disponible. Aunque esté desordenado. Aunque esté herido. Aunque esté a medias.
Hoy celebramos que el cielo se hizo cercano. Que lo eterno entró en lo cotidiano. Que la esperanza tiene nombre y rostro. Jesús. Un Niño que no viene a juzgar, sino a quedarse. A acompañar. A enseñarnos que el amor verdadero siempre empieza pequeño.
Quizá esta Navidad no sea perfecta. Quizá falte alguien en la mesa. Quizá sobren preguntas. Quizá el alma esté más cansada que otros años. No pasa nada. Justo ahí quiere nacer Dios. No en el brillo, sino en la verdad.
La Navidad no se entiende. Se recibe. No se controla. Se confía. Y cuando dejamos entrar al Niño Dios, algo se recoloca por dentro. No desaparecen los problemas. Pero aparece el sentido.
Porque esta noche no celebramos lo que tenemos. Celebramos que no estamos solos.



4 comentarios
Gracias Pablo, precioso
Muchas gracias y feliz año
Qué preciosa reflexión, Pablo
Feliz Navidad!
Súper el dibujo de Amelia
Muchas gracias y feliz año. Es una artista