Cada decisión o acción en la vida te abre unas puertas y cierra otras. El trasplante es el mejor regalo en años pero tiene sus renuncias.
El aislamiento me impide ahora mismo ver a amigos, quedar con libertad, abrazar a gente a la que quiero o acudir a cosas preciosas a las que me habían invitado. Incluso ver al Papa. Y claro que fastidia. Claro que hay momentos en los que uno piensa: “qué pena perdérmelo”.
Pero a veces no miramos la foto entera. Lo bueno es que lo tengo por la tele, mis amigos no se van y lo entienden y con el tiempo será anécdota. Y nos centramos demasiado en lo que falta o pierdo sin ser conscientes de que ganamos mucho más. Solo miramos una parte de la foto.

Así que prefiero dar gracias. Gracias al donante. Gracias a Resu. Gracias a Dios. Y centrarme en todo lo que sí puedo hacer, que es muchísimo más de lo que imaginaba hace unas semanas.
Podía ponerme triste por esas pérdidas, pero no sería justo, ni me haría bien. Así que doy gracias por el donante, por Resu y me centro en lo que sí puedo, que es mucho. Por ejemplo, puedo elegir beber un vaso de agua o no, comer un plátano o no, etc. hace mes y medio no. Y cuando uno aprende a mirar dando gracias… descubre que la vida siempre es mucho más grande que aquello que le falta.
Recuerda, no es como viene la vida, es como la afrontamos.

