¿Cuántas veces vivimos buscando vidas perfectas cuando la perfección es tener una vida que vivir?

Hoy hace 5 meses de la llegada de Resu a nuestras vidas, de un cambio ibtecible físico y emocional en mi vida, en la de Sara, mis padres, etc. muchos de vosotros os emocionáis cuando me decís cómo vivisteis el anticipo del trasplante.
Cambio que nos ha permitido elegir. No hacer un viaje extraordinario al fin del mundo, que me encantaría, sino elegir beber o no; viajar sin diálisis y sin el agobio de si funcionara, estarán los líquidos o cómo estaré mañana; no tener que cenar rápido por tener que irme a la sesión sino cenar sin prisa porque tenemos tiempo; poder bañarme varias horas al día los tres o Amelia y yo y ser felices con eso; poder hacer ejercicio sin pagarlo varios días o caer desfallecido al llegar a casa.

Podría seguir así horas, pero este verano, uno de los mejores de nuestras vidas ha sido por lo extraordinario de lo ordinario añorado por hacerlo perdido durante años y de lo sublimo de lo sencillo que tanto nos ha faltado.
Tiempo de felicidad, de plenitud, de dar gracias por este milagro empezando por el donante y familia y todos los que lo han hecho posible.

Incluso hemos tenido un susto con biopsia incluida y que vivimos con paz que ansiedad, estaba todo en manos De Dios, no las hay mejores.
Se acaba el verano, hoy día 5, aniversario de Resu, curiosamente también 22º aniversario de Taurino, el tercer trasplante que tanta felicidad nos dio.
Un día más para dar gracias por lo pequeño, mediano y grande. Para vivir el presente que os hoy sin anclarnos en el ayer pasado o el agobio del mañana desconocido.


