Querido San Antolín.
Hoy es tu día. Cuántas veces te he rezado. Y cuántas veces me has ayudado, siempre más de lo que esperaba.

En 2005 me llamaron, después de haberte rezado con fuerza, para mi tercer trasplante.
El año pasado pude ayudar a llevarte a la iglesia desde la ermita y, en el camino, te pedí por un par de fuegos y el trasplante. Los dos terminaron apagándose. Y el trasplante, haciéndose realidad.

Y un año te ayudé a entrar en la ermita, en tu día grande. Qué regalo tenerte de patrón. Tenerte tan cerca. Poder rezarte y sentir que, de alguna manera, siempre estás ahí.

Y qué regalo aún mayor poder transmitirle a Sara y Amelia mi pasión por ti, mis recuerdos contigo y esta fe que tantas veces me ha acompañado.
Hoy es tu día, San Antolín. Y qué suerte la mía poder celebrarlo contigo.


