La vida son etapas. Más largas, más cortas; unas las entendemos otras nunca. Pero todas nos hacen crecer.

Hoy cerramos una etapa. Aunque hace más de un mes que me han trasplantado, se han terminado de llevar las cosas de diálisis de casa. Ya no hay diálisis en casa.Este simple gesto significa mucho. Es romper un vínculo. Que ha tenido sus más y sus menos cuando fallaron las máquinas, que me dejaba agotado, que me obligaba a depender de una máquina. Pero me ha regalado un día cada día cuando tocaba transitar por el desierto.

He rezado mucho por este día y ha llegado, como os dije muchas veces en historias,el trasplante llegará el mejor día, el día que Dios quería y quiso que fuera un Domingo de Resurrección. Para redondear el milagro.
Hoy me he despedido las últimas cajas con agradecimiento y un encargo.

Gracias porque no hay Resurrección sin cruz y la cruz de la diálisis me ha traído hasta Resu. Y el encargo de que siga regalando muchos días de vida a quien corresponde y como en una cadena de favores le llegue pronto el trasplante y reparta vida en otra casa. Y así en un ciclo sin fin.

Gracias a Dios por Sus tiempos. Por no quitarme la cruz sino ayudarme a llevarlo a mi lado, a los donantes que nos regalan vida, a todos los implicados en el trasplante sanitarios y no sanitarios y gracias por la ciencia.
«El hombre es capaz de Dios porque ha sido creado por Dios para Dios; y la ciencia, en su búsqueda de la verdad, es una herramienta de este amor.» Benedicto XVI


