En junio os conté que había puesto unas plantas y que no se me daban muy bien. En la foto podéis ver la evolución. Una despeluchada, otra mejor pero con restos de lucha y otra más o menos.

Este año por el calor, sino hubiera sido por otra causa, pero no les ha sido fácil avanzar. Y me ha recordado a la vida.
No hay vida fácil, obviamente las hay más difícil, pero todas tienen complicaciones. Es avanzar despacio, al ritmo que podemos, pero sin parar nunca. Habrá días mejores y peores, pero poco a poco, si miramos atrás, veremos que siempre avanzamos, que crecemos, que ganamos experiencia y crece nuestra voluntad y tenacidad.

Y quizá lo más bonito sea que, muchas veces, mientras estamos preocupados por todo lo que nos falta, no nos damos cuenta de todo lo que ya hemos conseguido.
Hasta que un día miramos atrás. Y nos sorprendemos al descubrir que aquello que parecía que apenas sobrevivía estaba creciendo.
Por eso no podemos dejar de vivir agradeciendo.


