Después de días de descanso, sin horarios, de noches largas y mañanas sin prisa, volveremos a la rutina. Podremos quejarnos, maldecir ese despertador que mañana se clavará como un puñal.

Pero quizá convenga detenerse un segundo. Porque si mañana te suena el despertador eres afortunado: tienes un trabajo, ni estás enfermo y vuelves a empezar.
Y no olvidemos la importancia de la rutina, del orden y las costumbres que nos centran, nos relajan y nos ayudan a funcionar.

El verano es maravilloso y necesario. Pero si viviéramos permanentemente de vacaciones, terminaríamos cansándonos. Como aquel rey que quiso que todos los días fueran su cumpleaños y terminó hartándose de celebrar. Hasta las mejores cosas necesitan su contrario.
Para coger ánimo, fuerza y esperanza, podemos volver la mirada atrás y recordar todo lo que este verano nos ha regalado.

Hemos vivido momentos maravillosos en familia, conversaciones con pocos y paseos en soledad, hemos vuelto quizá al lugar de nuestro anhelo: el pueblo o la playa de nuestra infancia, la casa familiar. Lugares que quizá no tengan nada de extraordinario, pero cuya grandeza es tan enorme que los añoramos todo el año.
Y hay algo único en llegar a la última curva antes del pueblo y sentir que el corazón se acelera; ver la verja de los abuelos y notar cómo algo dentro se alegra; volver a la playa y, aunque la hayamos visto cien veces, volver a revivir recuerdos.

Quizá hemos aprendido a buscar demasiado la grandeza en las cosas extraordinarias y hemos olvidado que muchas veces lo extraordinario está precisamente en aquello que hemos aprendido a considerar pequeño. Pequeñas cosas que, sin hacer ruido, terminan siendo las que más nos llenan.
Por eso, cuando mañana suene el despertador, quizá no tengamos que pensar solamente que se acaba el verano. Quizá podamos mirarlo con asombro, agradecer todo lo vivido y levantarnos con esperanza por todo lo que todavía está por llegar.

El verano termina. La rutina vuelve. Y quizá eso también sea motivo de celebración.
Qué suerte tener todavía tantos días por estrenar.


