Los cimientos. Un trasplantado.

"todas ellas hacen rebosar de ánimo y alegría mis inquietudes de hacer un mundo mejor y que todo el que se acerque a mi, salga al menos con una pequeña sonrisa y la sensación de que le ha merecido la pena pasar por mi vida." vía @untrasplantado

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Una de las cosas que más entretienen a muchas personas, sobre todo varones y jubilados, es una obra.

En una obra, vemos cómo durante varios meses no pasa nada, entra gente, camiones, la grúa se mueve, etc. pero no pasa nada, en teoría, a la vista. Y de golpe, sin darnos cuenta, la perspectiva cambia y en dos meses, se levanta un edificio majestuoso.

En la vida pasa algo parecido. Durante años, toda la vida hasta un punto de inflexión, indeterminado en el tiempo y específico para cada persona, normalmente en la adolescencia y primera etapa adulta, vamos construyendo esos cimientos. Y esos meses en la obra o años en la vida, son la clave. Sin ellos, el resto del edificio, el resta de la vida, no sería posible, sería inestable, sin sentido, sin rumbo, a merced de fuerzas externas, hasta sin lógica. Nos son años fáciles, porque es un trabajo árduo sin resultado aparente. Parece que trabajamos de balde. Pero sin ellos, sería imposible ver el gran edificio que vamos creando el resto de la vida.

Cimientos que son el muro de cimiento de la familia, el mallazo de los amigos y la zapata del trabajo. Y todo, en mi caso, unido con la arena y la argamasa de la fe, que une, dirige y coloca en su sitio cada parte como un experto y audaz capataz.

Podemos pensar que el trabajo es secundario, pero al que le ha ido mal, o no bien, sabe lo que le implica y como afecta a las otras partes de los cimientos que este falle. Podemos tener problemas con algún amigo, pero a la larga eso nos altera el ánimo y vuelve a afectar a las otras partes del cimiento. Y podemos tener un problema en casa, con nuestra mujer, marido, hijos, etc. pero otra vez, vuelve a poner en riesgo todas las partes de lo cimientos e incluso el edificio entero.

Por eso, respecto al trabajo, debemos valorar cuánto nos llena y que nos aporta, como personas, en lugar de cuanto nos llena las arcas. Lo primero es fácil que nos haga felices, lo segundo, a pesar de las necesidades, nos hará esclavos. Recordad que pasamos las mejores ocho horas de casi todos los días, de lo mejores cuarenta años de nuestra vida en el trabajo. Ojalá podamos trabajar en algo que nos apasione y llene cada día.

Respecto a los amigos, son la principal fuente de desahogo que tenemos. Es mejor pocos y buenos amigos, que muchos y sin profundidad. Llegar a esto a veces duele mucho, es difícil dejar ir a amigos, pero a veces es bueno. Cada uno tiene su misión y su tiempo en nuestra vida. Así como solucionar todos los problemas que podamos tener con ellos, con los actuales, los del pasado, con todos. Yo hace muchos años, dediqué casi un año a pedir perdón a todas las personas que pensaba que les podía haber fallado o hecho daño y que tenía a mi alcance hacerlo. Si alguno piensa que le debo una disculpa, aquí la tiene y de corazón.

Y en casa, qué decir cuando esta pata de la vida no está estable. Es probablemente lo que más tensiona y pone en riesgo la resistencia de los materiales del cimiento e incluso de la casa entera. Y más importante que nunca la humildad y el perdón. Con los de casa, con el Equipo SAP, con Sara y Amelia, es con los que más confianza tenemos y por eso a veces pagamos con ellos los problemas de otras cuestiones. En parte para eso está la familia, para eso somos un equipo, pero hay que saber cuando tiramos de más o nos desahogamos excesivamente y cargamos la mochila del otro o incluso pagan nuestros miedos, problemas o alteraciones vitales. Nosotros nunca nos acostamos sin solucionar los posibles problemas que el caminar de cada dia nos depare. Es la forma de frenarlos y que no crezcan.

Razón de más para buscar algo que colme nuestra vocación, pero la última, la singular. En mi caso, mi vocación no es ser fisioterapeuta. Es ayudar a los demás y para ello tengo la planta del edificio de la fisioterapia, la planta de la docencia, la planta de las conferencias, la planta de estos post, vídeos, ser marido, padre, hijo, amigo… todas ellas hacen rebosar de ánimo y alegría mis inquietudes de hacer un mundo mejor y que todo el que se acerque a mi, salga al menos con una pequeña sonrisa y la sensación de que le ha merecido la pena pasar por mi vida. He tenido la suerte de que mis trabajos y mis entretenimientos son mis pasiones, así como lo son las personas que más cerca están de mi en la vida. Eso favorece desarrollar y potenciar esa vocación. Favorecer que el mundo sea mejor y así poco a poco. Como si fuera una abeja diseminando el néctar que coge de los nectarios de diferentes flores, se va extendiendo sin pausa posible, de forma tan espectacular que se nos escapa saber hasta dónde llegamos.

Por eso no podemos dejarnos nada para nosotros, debemos darnos del todo. Un día me di cuenta que era egoísta no compartir mis sentimientos, dudas y hasta miedos, de forma que puedan ayudar a otros mis vivencias y mi padecer. En esta forma de hacer apostolado y ayudar a otros, descubrí el sentido en mi vida, lo que más me hace crecer y aunque agotado, me hace acostarme feliz cada día.

Por eso importante de forma cíclica, a lo largo de la vida, analizar que mueve mis anhelos, donde sustento mi vida, quien cura o alivia mis heridas o el peso de mi mochila. Y las respuestas a esas preguntas, serán nuestros cimientos.

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