10 semanas, 60 días, 165 horas, 9900 minutos menos de diálisis.
Esto que parece tan sencillo así escrito fue una quimera en su día, siempre un sueño y al final una realidad. Una vez más lo que parecía un sueño es un hecho; lo que parecía imposible es un milagro real.

Un 26 de septiembre de 2019 volví a diálisis y me dijeron que el estado de mis vasos no permitía entrar más en lista de espera. Los siguientes dos años fueron una odisea física y mental luchando con una amputación, el peor evento de moción al de mi vida, e intentar salvar la otra. Un bypass fue el remedio para no cortar la izquierda. Irónicamente mi mayor desgracia ha sido mi salvación.
Gracias a ese bypass donde hoy se pueden insertar vasos pude entrar en lista de espera otro 26 de septiembre, esta vez de 2023. Quien me iba a decir que mis mayores desvelos serían mi salvación. Gracias a Dios aprendí a confiar, a siempre tener esperanza y saber esperar el mejor día, el día que Él tenía marcado. Y fue un cinco de abril, un Domingo de Resurrección.

Poder vivir 20 días por encima de 30ºC sin ser un ente deambulante y por fin vivirlo siendo un hombre con el calor del estío aunque aún le queden días.
Sentirme bien, estar con fuerza y ver que la paz y el sosiego han llegado a todos. Yo por no estar mal, los que más me quieren por saberme bien.
Pasar de sobrevivir a vivir hay que vivirlo para saber lo que es o verlo de cerca. Es un milagro.
No hay palabras para describir, aunque os lo he dicho varias veces, y aunque sea la cuarta vez que lo vivo, la cara de Sara y de Amelia, de mis padres, de mis amigos y demás familia y la alegría de tantos de vosotros. Hay maravillas a las que uno no se puede acostumbrar y siempre se viven con la emoción y agradecimiento de la primera vez.
Una vez más, y no me canso de hacerlo cada día, gracias al donante y familia que hizo posible este regalo, al equipo médico y no médico que hicieron el trasplante y a Dios por este milagro.


