No sé muy bien cómo empezar este post.

Hay frases que decimos casi sin pensar y que el tiempo acaba convirtiendo en algo mucho más grande de lo que imaginábamos.
Esta Navidad, en uno de esos momentos de ilusión, le dije a Sara:
“Este año nos vamos de veraneo con trabajo tú y trasplante yo.”

Ella llevaba meses en paro. Yo seguía esperando mi cuarto trasplante renal. Humanamente era un deseo. Poco más.
Pero en abril llegó ese trasplante que tantas veces parecía imposible. Y la semana pasada, después de un año de incertidumbre, Sara encontró trabajo. La semana que viene nos iremos unos días a descansar, tranquilos por fin, disfrutando de una recuperación que durante mucho tiempo ni siquiera sabíamos si llegaría.

Y entonces uno se queda sin palabras.
Cuando las cosas no salen como esperamos, buscamos explicaciones. Cuando salen como las habíamos soñado, tendemos a pensar que ha sido casualidad o mérito nuestro.

Pero hay momentos en los que solo queda reconocer que había un plan mucho más grande que el nuestro.
Se dice “si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes”. Y aquí estamos riéndonos hasta el dolor de tripa Dios, el Equipo SAP, mis padres, familia, amigos y tantos de vosotros seguidores.

Y quizá el mayor regalo no sea solo un riñón nuevo o un trabajo. Quizá sea ver a Amelia disfrutar de un verano que hace apenas unos meses parecía inalcanzable. Poder bañarme con ella. Ver a Sara sonreír sin el peso de la incertidumbre. Y estar los tres, el Equipo SAP, mirándonos sin prisas, sin más anhelo que disfrutar de estar juntos. Durante mucho tiempo vivimos pendientes de una llamada, de una analítica, de una oportunidad o de una respuesta. Hoy, las principales fuentes de incertidumbre que marcaban nuestras vidas están, gracias a Dios, resueltas.

Este año me ha recordado que la esperanza nunca es una pérdida de tiempo. Que hay silencios en los que Dios ya está trabajando aunque nosotros no lo veamos. Y que, muchas veces, cuando el hombre propone, Dios no solo dispone… sino que supera con creces todo lo que habíamos sido capaces de imaginar.
Solo puedo dar gracias.



Un comentario
Qué bonito Pablo. Gracias por compartir esta reflexión.
Un abrazo