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Alzad la mirada. Un trasplantado.

“Es imposible quedarse con unas pocas frases de todas las joyas que está dejando León XIV en estos días. Sin embargo, hay algunas que me han llegado especialmente porque parecía que me las decía a mí.”

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Es imposible quedarse con unas pocas frases de todas las joyas que está dejando León XIV en estos días. Sin embargo, hay algunas que me han llegado especialmente porque parecía que me las decía a mí.

«Alzad la mirada.»

La enfermedad me enseñó mis límites. La esperanza me enseñó a levantar la mirada. No habría sido posible atravesar el largo desierto de la enfermedad sin la confianza puesta en Dios, especialmente los días en los que costaba encontrar sentido a lo que estaba viviendo.

«Es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado.»

No habría elegido muchas de las cruces que me ha tocado cargar. Pero tampoco habría recibido algunos de los aprendizajes y regalos que llegaron después. Con el tiempo he descubierto que incluso en los momentos más difíciles puede estar naciendo algo bueno dentro de nosotros.

«Los hijos son siempre promesa de una humanidad renovada por el amor.»

Muchas veces pensé que era yo quien enseñaba a Amelia. Hoy tengo claro que ha sido ella quien me ha enseñado a mí a vivir el presente, a disfrutar de lo sencillo y a descubrir la felicidad en cada cosa. Su forma de asombrarse por las cosas más pequeñas me recuerda cada día que la vida sigue siendo un regalo.

«La familia es esperanza, no una carga.»

Precisamente cuando más vulnerable me he sentido, he descubierto la fuerza inmensa de la familia. Mientras yo crecía en humildad, ellas crecían en grandeza. Cuando todo se tambaleaba, Sara y Amelia fueron siempre el lugar al que volver. En silencio, sin buscar protagonismo, estuvieron ahí una y otra vez.

«La defensa de la vida es una meta de civilización.»

Mi vida no valía menos cuando estaba conectado a máquinas. Tampoco vale más ahora que estoy tan bien. Algunos de los momentos más felices y más llenos de amor de mi vida llegaron precisamente en medio de la fragilidad. Porque el valor de una vida no depende de lo que puede hacer, sino del amor que es capaz de dar y recibir.

Estas palabras de León XIV me conmueven especialmente porque me recuerdan que la esperanza no consiste en vivir sin cruces, sino en descubrir que ninguna cruz tiene la última palabra.

Foto Eros R. Santana

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“Quien me iba a decir que mis mayores desvelos serían mi salvación. Gracias a Dios aprendí a confiar, a siempre tener esperanza y saber esperar el mejor día, el día que Él tenía marcado. Y fue un cinco de abril, un Domingo de Resurrección”

Mi primer libro, “Diario de un trasplantado”.

En el cuento algunas de las cosas que a mí, como enfermo crónico y como sanitario, me ayudan a llevar mi enfermedad y sus consecuencias y a la vez intentar alcanzar la felicidad. Ya podéis comprarlo en el siguiente enlace:

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