Seis meses con Resu.
Hoy hace seis meses que llegó Resu. Y todavía hay días en los que tengo que frotarme los ojos porque parece un sueño todo lo que ha pasado desde aquel 5 de abril.

Lo más maravilloso es que hemos vuelto a la normalidad. No a una vida perfecta, sino a una vida en la que podemos decidir. Y ahí está precisamente su grandeza: después de tantos años de diálisis, no queremos olvidar que muchas de las cosas sencillas de la vida pueden convertirse en extraordinarias. Son cosas pequeñas para quien nunca ha tenido que renunciar a ellas; para nosotros, después de tantos años, tienen una grandeza difícil de explicar.
Hoy mi primera oración es para mi donante y su familia. Para agradecer una decisión tomada en uno de los momentos más dolorosos para una familia, que permitió que nosotros, el Equipo SAP, mis padres, nuestros amigos y tantas personas que nos quieren podamos seguir construyendo nuestra vida. No quiero acostumbrarme nunca a la enorme responsabilidad y al enorme regalo que eso supone.

También quiero dar las gracias a la medicina y a todas las personas que han hecho posible que Resu esté conmigo y funcione así. Después de tantos años entre hospitales, tengo claro que la medicina es una de las formas más bonitas que tiene Dios de hacer posible lo imposible.
Seis meses después no sé cuánto tiempo estará Resu conmigo. Nadie lo sabe. Pero no necesito conocer el futuro para disfrutar del presente. Hoy Resu funciona, hoy puedo vivir y mañana Dios dirá.
Las pruebas siguen dibujando una línea con curvas, con subidas y bajadas, como cualquier evolución. Pero la línea sigue ahí. Resu sigue adelante, está en forma y, de momento, nos sigue regalando tiempo.
Y después de todo lo que hemos pasado y seguimos pasando, solo puedo decir una cosa:
Soy un tipo con suerte.


