A Sara. Un trasplantado.

"[...] ¡Gracias Sara! Gracias por hacer de cada momento magia, de cada instante una fiesta, de cada día el mejor y de la vida un tesoro inmejorable. [...]"

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«[…] ¡Gracias Sara! Gracias por hacer de cada momento magia, de cada instante una fiesta, de cada día el mejor y de la vida un tesoro inmejorable. […]»

Sara y yo en el Hospital Clínico en julio de 2018

Creo que este post es el más difícil de escribir de todos los que me he planteado, ya que todo lo que diga, es fácil que me quede corto, es fácil que sea injusto en el halago, porque lo que hoy con ella es bueno, mañana será mejor.

En junio de 2012, el día 23, nos casamos. Lo hice pensando que Sara era genial y la quería mucho, pero me demostró rápido, que es excelsa y que es difícil querer tanto como quiere ella, que con ella las palabras siempre serán injustas con respecto a sus actos. Y encima guapa a rabiar.

Uno de los momentos más especiales de mi vida.

No sólo me da estabilidad, saca lo mejor de mí mismo, me dio una hija maravillosa, pareciendo esto poco, me intentó dar la vida. Y es que se hizo, si o si, ahí no había negociación posible, las pruebas de compatibilidad de órganos para ver si me podía donar un riñón. Pero no era compatible. Aún así el gesto está hecho y guardado en mi corazón.

Si algo no es “normal/natural” siempre cuesta más asumirlo. Y cuidar de un marido con 43 años, no es normal, ni natural, es más, es agotador. Aun así, no hay malas caras, ni un mal gesto, hay cansancio, pero se suple con una sonrisa. Siempre se pone el mundo por montera y tira de la casa, de Amelia y de mí y nos anima y alegra a los dos. La vida a su lado es un regalo.

Días de boda.

Siempre es fuerte con lo que vive, yo no tengo opción, me ha tocado; mis padres y hermanos no tienen opción, les ha tocado un hijo y hermano enfermo; Amelia no tiene opción, le ha tocado un padre enfermo; pero ella si tuvo elección y eligió el riesgo de crear una familia con una persona con la que sabía que antes o después iba a tener muchas limitaciones físicas. Y cada día lo sigue eligiendo, haciendo de ello bandera y orgullo, dando ejemplo de grandeza, llenándonos de dicha a Amelia y a mí.

Nuestras vacaciones son planteadas al milímetro, ya no tenemos capacidad de improvisación. Cada movimiento de casa debemos llevar doce litros de líquidos por día y una máquina para la diálisis; no podemos ir a cenar por la diálisis nocturna, estoy todo el día agotado, etc. Y eso que podría ser desmoralizador, ella lo lleva con alegría, lo asumió y aceptó y lleva con alegría su Cruz, pero no la que le tocaba, sino la que eligió. Imagino, y se,  que le pesará muchos días, porque la carga no es ligera, pero no se aprecia salvo ocasiones contadas.

Momentos en familia, momentos mágicos.

Por eso digo que las palabras nunca le harán justicia, ni de cerca, a lo que siento y a la realidad. Dios me ha regalado, a cambio de mi padecer, tener a mi lado a la persona más generosa y altruista que puedo imaginar. Siempre que pienso que ya se cómo es, me vuelve a sorprender con algo mejor, siempre me deja fuera de juego y me enseña que la capacidad de amar y entregarse puede ser infinita. Probablemente he tenido que pasar tanto mal, para poder valorar tanto bien.

Sólo puedo decir: ¡Gracias Sara! Gracias por hacer de cada momento magia, de cada instante una fiesta, de cada día el mejor y de la vida un tesoro inmejorable.

¡Soy un tipo con suerte!

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