Alta y a casa. Un trasplantado.

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Ya me han dado el alta, ya estoy en casa, vuelta a la normalidad. Vuelta regada de la ilusión de un recibimiento sorpresa de mis hermanos y alguno de mis sobrinos. Con lo que me gusta a mi una sorpresa, Gracias Sara y todos. La familia es el principal pilar de una persona y aquí lo he vuelto a ver. Es el sitio en que todos podemos ser más nosotros mismos, es el cobijo del enfermo, la madriguera del temeroso, es guía del que está perdido.

Me despedía de los pasillos del hospital clínico en silla de ruedas, empujado por Sara y con una mezcla de congoja y emoción en mi interior grande. Se hacia realidad que me iba, pero también crecería el vértigo de que había que afrontar la realidad.

Saliendo del clínico.

Y así ha sido, es más fácil estar enfermo en el hospital donde te hacen todo y como mucho vas del sillón a la cama, que estar en casa donde aunque me hacen casi todo porque aún puedo hacer poco, es más notable la invalidez. Pasajera, porque pienso tener una prótesis dentro de muy poco, pero a día de hoy es manifiesta. Eso sí, el calor del hogar, el abrazo de los nuestros, no está en el hospital. Y menos ahora que no he podido tener ninguna visita en ocho días. Duro para mí y para los que más me quieren que no han podido venir a darme un abrazo de cariño, dejarme un hombro para apoyarme. Por eso, pese al aumento de la dificultad, todos deseamos dar el paso y estar en casa, en el hogar.

Y es un regalo, pudimos charlar, hablar, abrazarnos, mirarnos, pasear y sobre todo, que me interesaba mucho, ver la reacción de Amelia. Puse las dos piernas juntas y se las señalé, las miró, me miró y dijo: “no está pie” y siguió como si no hubiera pasado nada. Esta mañana ha vuelto a decir que no estaba, pero sin dramas, con naturalidad, como son los niños y con la perspectiva suya que perdemos con los años. Ay cuanto ganaríamos si no perdiéramos esa capacidad.

Así quería ir Amelia en nuestro primer paseo.

Aquí se muestra una de las ironías de la vida, siempre hay un dicotomía, lo bueno lleva algo de peso y lo malo algo de alivio. La vida es cuestión de comparar y elegir.

Queda mucho trabajo por delante, mucha fisioterapia, imagino que caídas en sentido literal, días de querer tirar la toalla, otros de reír, días de revelarse ante la realidad, pero la única verdad, es que lo peor ha pasado y cada día está más cerca lo mejor, la cima, la prótesis. Del mismo modo que para coronar un puerto de alta montaña hay que sufrir mucho, pero no es lo mismo cuando queda 1km, que cuando quedan 12; cuando vas sólo y con una pájara física, a cuando vas perfectamente arropado y empujado el equipo, como afortunadamente voy yo.

A la vez, quiero dar las gracias a los cientos de cadenas de oración, rosarios, misas o sólo recuerdos y pensamientos los que no creen, que se agradece igual. Una vez más, sólo puedo dar gracias a Dios, a todos los que me queréis y lo sé y a todos los que no os conozco pero rezáis por mi y me mandáis todo vuestro cariño. Sois todos un regalo, me habéis hecho fácil y llevadero el trance de que me corten una pierna.

Empieza una nueva vida y empieza con buen pie, nunca mejor dicho, que ironía, y que real. La vida siempre da otra oportunidad, oportunidad que bien aprovechada, no tiene porqué ser peor, será distinta. ¡A por ella!

Si es que, ¡soy un tipo con suerte!

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