Una recuperación no es lineal. Y un trasplante, tampoco.
La semana pasada tuve una subida importante de creatinina, no dije nada por no preocupar. Hoy ha bajado un poco. No lo suficiente como para dar nada por resuelto, pero sí como para frenar una dinámica que preocupaba. Seguimos vigilando, ajustando medicación y sin poder descartar nada.

La realidad es que estas situaciones imponen y tocan. Porque cuando has peleado tanto por llegar hasta aquí, cualquier cambio te recuerda que sigues en un terreno frágil y que no conviene dar nada por hecho. Ni una buena analítica. Ni una rutina tranquila. Ni un día normal. Pero agobios por adelantado ni uno.
Por eso estos días están siendo también una pelea por dentro por mantener la calma, enfriar la cabeza, por rezar más, ofrecer y confiar en que Dios también está aquí, en la incertidumbre, en la espera y en el miedo que a veces aparece y solo necesita que confiemos.
Seguimos. Con prudencia, con esperanza y con más ganas aún de agradecer lo cotidiano, de abrazar la vida tal y como venga y de no olvidar que, incluso en los días inciertos, sigue habiendo mucho bueno que celebrar.
Mientras sigo sin diálisis, cada día me encuentro mejor, hemos podido ir a ver a Amelia a caballo, piscina, bañarnos juntos en la piscina. Somos afortunados y este susto nos ayuda a crecer, confiar y seguir soñando sin perder perspectiva de lo afortunados que somos de cada pequeña cosa que tenemos.
Como no podemos avanzar solos tengo la suerte de tener a mi Equipos SAP luchando como guerreras, mis padres siempre al otro lado del ruedo, amigos, familia y muchos de vosotros y siempre Dios. Será para bien.

