Gracias Benedicto XVI. Un trasplantado.

“una frase suya en el Líbano en 2012, “la locura de la cruz es hacer del sufrimiento un grito de amor a Dios”, es el lema de mi vida.” Gracias Benedicto XVI. Un trasplantado.

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Este es un momento muy triste. Era un momento que tenía que llegar, por lógica natural, pero que me llena de pena. A la vez, es un momento de dar gracias a Dios por haber tenido la fortuna de ser coetáneo suyo y el privilegio de haberle visto, oído, leído y estudiado.

Nunca podré olvidar ese 19 de abril de 2005. Estaba en casa, había hablado con una amiga, Lucía, y le dije que era el mejor papa que podíamos tener después de San Juan Pablo II y de repente, en el salón de casa, pegado a la radio, oímos, hay papa. Y recuerdo aquel “Habemus papam”, sus primera salida y su primer discurso, que pongo al final.

Si en la infancia de mi vida y de mi Fe fue fundamental San Juan Pablo II, en la madurez de mi fe, si ha habido una persona importante ha sido Benedicto XVI. Tanto a nivel básico, como aprender a orar bien, gracias a sus catequesis de escuela de oración de las audiencias generales, a un gran conocimiento de la Iglesia, con sus catequesis, en las mismas audiencias, sobre los padres de la Iglesia, maestros y místicos medievales. Un sabio que ya tuvo papel importante en el Concilio Vaticano II.

Rosario de la JMJ de Colonia 2005 y cruz de la JMJ de Madrid 2011, que me regaló un buen amigo, bendecidos ambos por Benedicto XVI.

Y presencialmente, recuerdo escucharle con pasión en la JMJ de Colonia 2005. Íbamos deseosos de ver a San Juan Pablo II y descubrimos un diamante. Era la primera vez que escuchaba en vivo a Benedicto XVI. Fue un fin de semana mágico.

Más adelante, gracias a la inquietud que me generó, estudié mucho su ingente obra, aún me queda mucho, y descubrí un regalo intelectual incalculable. Difícil de leer al principio por su profundidad y genialidad, una vez que te acostumbras, es una delicia pasar horas leyéndole sobre Jesús y su vida, sobre la ciencia y la Fe y el necesario hermanamiento de razón y fe, sus encíclicas, regalos del cielo, hasta cómo ser cristiano en la era neopagana.

Durante estos últimos años, he tenido la suerte de tener una relación epistolar con el, con lo que he aprendido aún más de una persona, grande como pocas, humilde como casi ninguno, y sin duda alguna, además de un santo, una de las mentes más privilegiadas que ha habido en la historia.

Gracias a la Universidad Francisco de Vitoria y a la Fundación Joseph Ratzinger, he podido acudir a las 5 ediciones del congreso Razón Abierta. Una de las ediciones en Roma, en el Vaticano. Y en la segunda edición, tuve el honor de hacer una comunicación sobre educación en el congreso.

Feliz en la puerta de la Pontificia Academia Scientiarum en la Casina Pio IV o Villa Pía. Pontificia Academia de las Ciencias, donde no me importaría trabajar.

Y a nivel íntimo, como digo en todas mis conferencias y he dicho en alguno de mis escritos, una frase suya en el Líbano en 2012, “la locura de la cruz es hacer del sufrimiento un grito de amor a Dios”, es el lema de mi vida. Lo que dio la transcendencia definitiva al sentido que yo le había dado a mi vida y a mi sufrimiento.

Ha sido un regalo su magisterio Santo Padre y siempre le estaré agradecido y hablaré de usted con orgullo y cariño. Y cuando esté en el cielo, donde irá directamente sin duda alguna, será uno de mis referentes a los que rezar y dirigirme como intermediario con Dios.

Gracias Benedicto XVI por su grandeza, genialidad, santidad y humildad. Sin duda tendré desde hoy un intercesor especial de la mano del Padre y cerca de la Madre. No puede ser menos con oraciones cómo esta en la JMJ de Madrid el 18 de agosto de 2011:

“sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo»

Un hombre tan genial y tan de Dios, que escribió esto hace un tiempo de cara a su partida, que hoy ha tenido efecto, a la casa del Padre:

Hace años, Benedicto XVI, al verse en la etapa final de su vida, escribió:

«Dentro de muy poco me encontraré frente al juez final de mi vida. A pesar de todo, cuando miro hacia atrás a lo que ha sido mi vida, tengo buenas razones para esperar, con temor y temblor. Yo tengo a pesar de todo buen ánimo, porque confío firmemente en que el Señor no sólo es un juez justo, sino también un amigo y hermano; y que él mismo sufrió por mis deficiencias, y es pues mi abogado, mi ‘Paráclito’. A la luz de la hora del juicio, la gracia de ser cristiano, se me hace más clara. Me da el conocimiento, y por supuesto la paz serena, con respecto al juicio de mi vida; y esto me permite pasar con confianza por la obscura puerta de la muerte».

“Queridos hermanos y hermanas, después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante, que el Señor nos ayudará y María Su Santísima Madre estará de nuestra parte. Gracias.”

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