Gracias, Padre.

Hay personas que llegan y, sin darte cuenta, terminan formando parte de tu vida. El Padre Don Emir llegó a España desde Venezuela, hace cuatro años al pueblo, incluso sin carnet, y el sábado nos tocó despedirle.

En cuatro años consiguió algo que no es fácil: conquistar un pueblo entero. Nos llenó, nos acompañó, nos hizo reír, nos escuchó y, sobre todo, siguió sembrando a Dios en nuestros corazones.
Y qué bonito ver todo lo que deja detrás. Familias, amigos, niños y una parroquia que ha crecido con él. Amelia es un buen ejemplo.

Ahí está también la grandeza de la Iglesia. Cambian las personas, cambian los sacerdotes, cambian las etapas, pero no cambia el destino. Se va Don Emir, llega un nuevo párroco y nosotros seguimos caminando.
Con la pena del adiós, pero con la alegría y el agradecimiento de haber compartido estos cuatro años. Gracias, Padre Don Emir, por tanto. Y gracias a Dios por haberte puesto en nuestro camino seguiremos a tu lado en oración.


