Lo estoy pasando mal. Un trasplantado.

“No estoy bien. Años de dolor, sobre todo el último de mucho dolor […] ese dolor, pensado y meditado, es el camino a la felicidad” Lo estoy pasando mal. Un trasplantado.

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No estoy bien. Años de dolor, sobre todo el último de mucho dolor. En reposo, aunque menos dolor desde las dos últimas cirugías, pero si al andar, estar de pie, etc. Agotado por la diálisis, con la tensión baja, hoy por ejemplo tengo 66/44 y llevo así al menos tres semanas, sin fuerza. Problemas en las manos que me cuesta a veces abrir una botella, se me duermen después de escribir muy poco, etc. Dificultad para dormir seguido y profundamente como dormía hasta hace un tiempo.

Esto tiene implicaciones grandes, como cometer errores en el día a día o tener pérdidas de memoria, gracias a Dios todo ha sido solventable fácilmente, sin consecuencias, pero con un rato de estrés grande.

A nivel personal, en mi día a día, me limita a hacer cosas en familia, planes como ir a pasear, cenar, tener un charla normal en la cena porque a partir de media tarde, y con siesta, voy desbordado de cansancio y a las 21 me hago diálisis 6 días a la semana. En definitiva, me cuesta ser yo en todo mi esplendor.

Esto, es duro, ver que no llego, que no puedo estar a la altura que me gustaría y sobre todo que sé que puedo estar porque he estado. Me afecta poco en cantidad y en el tiempo, pero los días que afecta es muy duro. Tengo 46 años y en teoría estoy en el momento de máximo esplendor profesional, personal y en todos los sentidos.

En definitiva, es agotador.

Pero esa no es mi suerte. El otro día en la universidad, fuimos a buscar a la Virgen Peregrina, que está unos días en cada facultad y en cada grado, y venía unos días a la Facultad de Ciencias de la Salud.

Virgen Peregrina en el Grado de Fisioterapia.

Fuimos a misa para recogerla y después de comulgar me vi emocionado rezando con una reflexión que me pasa por segunda en mi vida con intensidad tan alta por segunda vez en mi vida.

Con lágrimas en los ojos daba gracias a Dios por mi vida, a pesar de los esfuerzos que conlleva. Daba gracias emocionado por elegirme para mi misión, para mi apostolado, por confiar en mi para pasar esto, para darme la fuerza y gracia para saber llevarlo, para ser capaz de abrazar y amar mi cruz cada día. Daba gracias a Dios por elegirme con tanta fuerza y evidencia y amor. Aunque me cueste entenderlo o, más bien, aunque ahora no lo entienda.

Esta imagen me emocionó.

Eso no quita los males, las dudas, los miedos, pero si da la fuerza para ir aguantando golpe a golpe, caída a caída. ¿Qué digo aguantando? Creciendo con cada revés de la vida, con cada día terminado agotado, pasado con dolor, con cada día de dolor de corazón. Con cada día de limitación que me obliga a crecer también en humildad para dejarme hacer por Él y los que están alrededor y tanto me quieren.

Esos días, esos males, esa dureza, regada de tanto amor de Dios, sin duda alguna me preparan, me moldean y me lanzan directo a tener una vida maravillosa. Vida plena de amor, por ejemplo de mi Equipo SAP, (Sara, mi mujer, Amelia, mi hija y Pablo, yo. Para los que no lo sabéis); mis padres que llevan 46 años en la trinchera viéndome luchar con lo que ello conlleva; todos y cada uno de los que me leéis, me mandáis cientos de mensajes increíbles cada día, los que rezáis con tanto cariño por mi y mis chicas, los que nos mandáis tan buenos deseos.

En definitiva, ese dolor, pensado y meditado, es el camino a la felicidad. No por ser mejor sufrir, sino por ser yo y querer ser yo. Me ayuda a conocerme, hacer las paces con mi realidad y sólo así poder ser feliz. Sano o enfermo; con mucho dinero o menos; con títulos o sin ellos. Porque hay muchas personas con mucho no felices y otros sí y con poco muy felices y muchos no.

Cómo digo muchas veces, ¡soy un tío con suerte!, soy un privilegiado. Pero cómo yo todos. Cada uno por ser elegido, todos tenemos una misión, un don, un algo mandado por Dios. Por tener agua, por comer cada día, por vestirnos e incluso por tener internet para leer esto,.

Por ser cada uno nosotros. Ese es el mejor regalo. Cómo decía el Beato Carlo Acutis, “todos nacemos originales y muchos mueren fotocopias”. Y la única verdad es que sólo puedo ser yo. Cómo decía muy bien Romano Guardini, “he de querer ser el que soy; querer ser yo, realmente, y sólo yo” y desde ahí ir en busca de mi misión, de mi don, de mi esencia mejor y a mejorar el mundo.

En definitiva, y vuelvo a repetirme, a pesar de mi 81% de minusvalía y lo que conlleva, con un horrible envoltorio, de enfermedad, Dios pensó para mi desde la eternidad y me dio el 1 de abril de 1977 el mejor regalo: la vida.

Photo by Irina Iriser on Pexels.com

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