Un café filosófico. Un trasplantado.

“ Es increíble como una desgracia enorme como una enfermedad, puede dar tantas oportunidades bien enfocada. Oportunidades de acercarse a Dios de forma real, en la cruz, donde el más nos amó. De conocer gente como estos dos amigos, estos gladiadores.” Un café filosófico. Vía @untrasplantado

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El otro día tuve un desayuno especial y filosófico. 

Tres personas pasando una enfermedad, tres personas que nos hemos conocido hace muy poco, menos de un año, por la parte que me toca. Ellos se conocían.. Pero ya tres amigos. En la vida, pero sobre todo, en la fe. Y hablamos de nosotros, nuestras familias, cómo está España y hasta de filosofía de la vida.

Y salieron varias cosas que me gustan, que tengo claras y que los tres vemos igual.

El equipo. Solos no vamos ni a la puerta de la esquina. Los tres hemos pasado, estamos pasando, momentos ni deseados, ni siempre fáciles. Pero hemos necesitado y lo hacemos cada día de nuestro equipo. En silencio, hablándonos, abrazándonos, dándonos un hombro para llorar o una mano que nos sostiene y como no, un excusa para reír. Porque, en contra de lo que piensa, o vende, la sociedad, un mundo individualizado nos lleva a la soledad y a la amargura. Tenemos limitaciones, tenemos peros, pero sobre todo, con el amor que nos rodea en casa con nuestras mujeres e hijos, ganamos cada uno una fuerza maravillosa, que con el empuje de la fe, a veces es imposible explicar de donde salen las fuerzas.

Una vez que te alborotan tu vida, te dicen que estás enfermo e incluso te dicen que la muerte puede estar muy cerca en el horizonte, se crea un vacío enorme. Un vacío difícil de llenar en un primer momento. ¿por qué a mi? ¿Cómo es esto posible? a mí me pasó con 16 años cuando me dicen: «tienes que empezar la diálisis y si no vienes en una semana te mueres». El mundo se paró en ese instante. Peor si tenía la vida por delante. Aunque llevaba toda la vida enfermo, esto era un golpe de realidad y a una edad en la que no siempre estás preparado para esas preguntas trascendentales. Tampoco creo que sea fácil con cuarenta y pico años que te digan: «ordena tu vida que no te queda mucho«. Aunque luego desafíes a la ciencia y la lógica, no quiero pensar lo que deben ser los primeros momentos y más con una carga familiar de mujer e hijos por los que sufres en tu sufrir y ellos sufren en su y tú sufrir.

Aunque parezca mentira, abrazar y llegar a amar la cruz de cada uno alivia más de lo que jamás podríamos pensar. En lugar de seguir pensando por qué, pasas a los para qué, ¿Cómo puedo ayudar o crecer con esto que me ha tocado?. Ese día te das cuenta, aún con dolor, que no desaparece, que es un hecho, que ya que llega, se busca algo útil y que ordena tus prioridades, une con el mejor pegamento al equipo, en mi caso el Equipo SAP, y sobre todo, al dejarte en la nada de posibilidades, cualquier cosa es todo. En esa nada, en lugar de ser pobres, nos hacemos ricos en amor y agradecimiento, porque poco necesitamos. Porque una mirada y un beso de mis chicas lo es todo.

Y acabamos con lo muerte. Nadie quiere hablar de ese tema, pero, ¿acaso alguien se librará de ella? ¿no será mejor prepararnos para ese acontecimiento inevitable? En el colmo de la fe, uno de ellos dijo un argumento que me encantaría saber hacer mío. «Si me muero no echaré de menos vivir nada, ya que si Dios me pensó desde la eternidad, nada más había aquí para mí«. Brutal. Yo aún me cuesta verlo así, pero me ha parecido una genialidad. He tenido que parar unos minutos de la emoción. Esa es la realidad. Unido, a que a pesar de la distancia y del vacío que quedará aquí abajo, allí arriba podremos ayudar más, querer más y estar más pendientes de los que aquí quedan. Duele pensarlo, pero es la realidad, Si de verdad creemos, si de verdad confiamos, así deberíamos pensarlo a pesar del nudo en el corazón que se nos pone de imaginarnos sin ver crecer a los nuestros y seguir caminando juntos. Pero insisto, más les ayudaremos desde arriba y estaremos aún más cerca. Es donde vamos a pasar una eternidad y, en el efímero tiempo de una vida, estaremos juntos para siempre en la casa del Padre.

Me he quedado sin palabras. Es increíble como una desgracia enorme como una enfermedad, puede dar tantas oportunidades bien enfocada. Oportunidades de acercarse a Dios de forma real, en la cruz, donde el más nos amó. De conocer gente como estos dos amigos, estos gladiadores. De conocer otra mucha gente en mis conferencias, por mi libro, por mi instagram (@untrasplantado), etc. De vivir experiencias impresionantes como después de soñarlo una vida firmar en la feria del libro, hablar en la marcha por la vida o quedarme corto en mis mejores sueños de lo que sería mi familia y poder mirar a los ojos a Sara y a Amelia y darme cuenta de lo afortunado que soy.

Escribo esto destrozado físicamente, con 7/4 de tensión, con 28 grados a las 11:;30 que sólo empeorará la cosa, pero con una felicidad enorme de verme compensado hasta el extremo con mis chicas, con mis padres, con mis amigos que me quieren y apoyan, con mi consulta y poder curar y el cariño y la comprensión de mis pacientes, con la Universidad Francisco de Vitoria y a pesar de estar más tiempo de baja que de alta, el cariño que noto cada vez que voy, ¡cómo vivo en mis carnes la misión que se quiere! Las conferencias que puedo dar, desde en una pequeña parroquia a una gran universidad, desde un grupo de amigos a un grupo de altos directivos de una empresa top mundial.

Si miramos lo malo de nuestra vida la amargura llama rápido a la puerta. Si buscamos cada día algo bueno, no va a desaparecer el miedo, ni el dolor, ni los problemas, el que quiera una vida de sueño, que vea Disney, esto es duro. Pero buscando lo bueno, veremos que somos muy afortunados, que Dios y la vida, a pesar de la mochila de cada uno, han sido muy generosos con nosotros.

En definitiva, que cada día debemos dar gracias y exprimir hasta el último segundo de cada día.

¡Que la vida no es como viene, es cómo la afrontamos!

¡Cuánto que aprender de los que tanto supieron!

“La escuela de Atenas” de Rafael Sanzio. Foto de wikipedia.

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