6 años y 9 meses después por fin con tengo catéter. Cateter que me ha ayudado a ganar vida en una época complicada y larga, pero más lo hace ahora Resu, el riñón trasplantado.
Como decía Amelia, “papá por fin te voy a ver sin tubos” y es que ella tenía 9 meses cuando me lo pusieron. En esa frase caben hospitales, incertidumbre y mucha vida pese a su pequeña edad.

Por fin, después de ese tiempo, casi 7 años, he podido darme una ducha sin tener que estar pendiente de si se moja el cáteter y que cayera el agua libremente. Este verano podré darme baños en la piscina y la playa sin riesgo y sin que sean furtivos. Cada año me daba algún baño para que Amelia tuviera recuerdos de haberse bañado conmigo. No sabíamos si esto acabaría en 2026 o sería para siempre o cuasnto duraría y por si acaso llenar el tesoro de los recuerdos.
Y es un paso importante. Si vieran que hubiera riesgo de tener que hacer alguna diálisis o posible necesidad de alguna plasmaféresis, tratamiento para disminuir los anticuerpos, no lo hubieran quitado. Ahora a acostumbrarse a vivir sin el y sus cuidados que tan integrados está en mi mente.

Por eso hoy no celebro que me hayan quitado un catéter. Sino las pequeñas cosas que tantas veces damos por hechas. Darme una ducha, un baño con Amelia y Sara y la posibilidad de seguir acumulando recuerdos junto a las personas que quiero.
Porque mientras pasaban los años, ella aprendía a caminar, a hablar, a reír y a mirar con normalidad aquello que para cualquier niño habría sido extraño. Hoy no siento solo que termina una etapa médica; siento que recuperamos juntos una pequeña parte de la normalidad que la enfermedad nos había robado. Celebro alto y fuerte la vida. Y por eso, más que nunca, doy gracias.
Alabado sea Dios.

