Hay fotos que no aportan mucho. Esta es Madrid a las 8:49 de la mañana. Una ciudad que normalmente no se detiene, una zona, el Bernabéu siempre bulliciosa, y que parecía haberse quedado vacía.
Estamos en Madrid de paso, entre un destino y otro. Venía de hacerme análisis a limpiar el coche, nada especial. Y quizá precisamente por eso hice la foto, porque iba sin prisa, relajado. Parar ayuda a tomar perspectiva.
A veces se nos olvida que muchas de las cosas que hoy llamamos «un día cualquiera» fueron, en algún momento, cosas que deseábamos con todas nuestras fuerzas. Y son el sueño de la mayoría de las personas del mundo.
Cosas tan normales como viajar, tener planes, estar con los nuestros, tener una mañana tranquila, poder mirar por la ventana y pensar simplemente en lo que viene después. En definitiva, poder elegir. Nos acostumbramos demasiado rápido a lo que un día soñamos.
Y entonces empezamos a buscar la felicidad en lo que todavía no tenemos, sin darnos cuenta de que quizá estamos viviendo rodeados de cosas por las que nuestro yo de hace unos años habría dado muchísimo.
El problema no es que tengamos poco, sino que nos hemos acostumbrado demasiado a tener lo que soñamos y siempre queremos más. Hoy, viendo Madrid casi vacío, me he acordado de algo importante:
hay que aprender a mirar nuestra vida con ojos de agradecimiento.
Porque probablemente somos mucho más afortunados de lo que creemos. Buscamos vidas perfectas y lo perfecto es la vida de cada uno.

