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Una sonrisa. Un trasplantado.

“Hay cosas que no se pueden perder. Una de ellas es la sonrisa. No sonrisa como postureo, sino como reflejo del alma. Ya que la felicidad no es tener una vida perfecta es amar y querer la vida que tenemos.”

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Hay cosas que no se pueden perder. Una de ellas es la sonrisa. No sonrisa como postureo, sino como reflejo del alma. Ya que la felicidad no es tener una vida perfecta es amar y querer la vida que tenemos. Llevo unos días que me es muy fácil sonreír, toda va viento en popa. Pero he sonreído mucho en días oscuros como los años de la diálisis. 

Recuerdo el día de la amputación, solo en la habitación por el COVID. Haciendo una videollamada con Sara y Amelia me preguntó cómo estaba y se me ocurrió decirle “a pierna suelta” y nos entró la risa. Hice un pantallazo y el peor día de mi vida me acosté con una sonrisa medicinal del Equipo SAP.

Un día sin sonrisa es un día perdido. Porque somos tipos con suerte. Lo que pasa es que a veces erramos el foco de la mirada y lo centramos más en lo que nos faltaba que en todo lo que sí tenemos. En diálisis me faltaba algunas días fuerza para vivir pero tenía a mis chicas, familia, mi trabajo, mis amigos, mis conferencias, mis aficiones y motivaciones.

Ahora sonrío sin querer, es más, me emociono cada día muchas veces. Lo que parecía imposible ha llegado y cada día funciona mejor el trasplante, Resu. Pero este trasplante que en su día me dijeron que no podía entrar nunca más en lista de espera, tuvo su origen en que el Dr. Isaac Martínez se empeñó en salvarme la segunda pierna y me hizo un bypass. Gracias a ese bypass 4 años después entré en lista de espera. 

La mayor desgracia de mi vida a años luz del resto, el tema de las piernas me permitió soñar con un 4º trasplante imposible, tenía una probabilidad del 0,9%. Luché por entrar y hoy ese milagro es realidad. 

Por eso en lugar de analizar mis desgracias aprendí a aceptar y abaratar mi cruz y buscar los para que y entendí que la máquina de diálisis que me destrozaba me regalaba un día cada día, que 0,9 comparado con 100 es casi nada, pero comparado con cero es un abismo, de la nada a algo.

Y hoy sentado en el hospital sonriendo emocionado y dando gracias a Dios estoy trasplantado. Y va bien.  

Jugando con Amelia

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“Que generoso es el Señor y que bien hace las cosas. Cuánto nos pide sin entender muchas veces, pero cuánto nos da cuando nos dejamos en Sus manos, aceptamos y abrazamos nuestra cruz y le dejamos tomar el mando.”

Mi primer libro, “Diario de un trasplantado”.

En el cuento algunas de las cosas que a mí, como enfermo crónico y como sanitario, me ayudan a llevar mi enfermedad y sus consecuencias y a la vez intentar alcanzar la felicidad. Ya podéis comprarlo en el siguiente enlace:

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