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5 años amputado. Un trasplantado.

«Hoy se cumplen cinco años del peor día de mi vida. Hoy hace cinco años del mayor dolor de mi vida. Y, aunque parezca imposible, también del inicio de una forma nueva de vivir.»

La Pascua del enfermo. Un trasplantado.

«La cruz no es romántica. Es brutal.
Y sin embargo, es el lugar donde se nos revela el amor más grande.
Ese amor que no elimina el sufrimiento, pero lo abraza.
Que no lo explica, pero lo redime.”

Susto o muerte. Un trasplantado.

“Hay días en los que quiero rendirme a lo práctico. Hacerlo ya, quitar el problema, y seguir. Otros días, la esperanza me susurra: “Aguanta, espera… quizá algo cambie”.
Y entonces abrazo la paciencia, aunque me tiemble el alma.”

La muerte me ayudó a vivir. Un trasplantado.

“»Y sobre todo, me ha regalado algo que no cambiaría por nada: la conciencia de lo frágil que es todo, y de lo inmenso que es cada momento con quienes amo. No hay dolor que me haya dolido tanto como la posibilidad de no ver crecer a Amelia. No hay oración más sincera que las que salen de mis labios cuando veo a Sara dormida y me inunda el amor por ella. Ellas me recuerdan cada día que sigo aquí. Que respiro. Que puedo seguir dando lo mejor de mí, aunque a veces no me quede mucho más que mi entrega.»

¿Por qué? ¿Para qué? Un trasplantado.

“Y, después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables.”

La nada es todo. Un trasplantado.

“Pero es en esa «nada» donde Dios puede entrar con todo de una forma más íntima. Esa renuncia, ese vacío, nos deja espacio para escuchar, para depender, para confiar. Porque la verdadera noche es luz.”